El científico ruso Konstantín Agladze asistió a los biólogos japoneses en la creación del tejido del corazón en base a las células madre. Es una revolución no sólo en la trasplantología sino también en la farmacéutica, dado que los órganos bioartificiales servirán para pruebas farmacológicas.
El músculo cardíaco se va formando por fases: primero las células se agrupan en separadas gotas vibrantes más tarde que se juntan, formando el tejido.
Los investigadores de la Universidad de Kioto llevan los últimos cinco años trabajando en la creación de órganos humanos. Durante cuatro años el proyecto es dirigido por el catedrático ruso Konstantín Agladze, director del laboratorio de nano construcción de compuestos proteicos del centro "Nanofísica" de Moscú.
De material para los estudios sirvieron las células madre inducidas que componen el embrión en la etapa inicial del desarrollo. Son una especie de precursores de los órganos del cuerpo humano.
Lo más importante era establecer el mecanismo de la formación de tejidos. Se descubrió la sustancia química que inicia el proceso de la transformación. De cada cien células madre ochenta se convierten en el tejido cardíaco. Bajo un potente microscopio se ve que el tejido se está contrayendo. El músculo funciona sin estímulos externos, realizando entre cincuenta y setenta latidos por minuto. De forma paulatina las células se van juntando y forman finalmente el tejido cardíaco.
La temperatura óptima de conservación de las células son treinta y siete grados.
Según Konstantín Agladze, el obtenido tejido cardíaco tendrá dos usos: el de pruebas farmacológicas y el de implantes en el corazón humano.
En cuestión de tres o cuatro años los científicos podrían crear tejidos vivos para los trasplantes. Esta tecnología salvaría de esta forma millones de vidas humanas. 
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