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sábado, 9 de noviembre de 2013

ALBA: La contingencia del proceso de integración alternativa de Nuestra América




«Ahora, esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir. Porque ahora, por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o en el tráfico de las ciudades o en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de razones, con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia
Fidel Castro, Segunda Declaración de La Habana, 1962

En la primera parte del presente ensayo se tratará la temática de la [de]construcción del proyecto de Nuestra América y de la idea de América Latina desde una nueva mirada sobre la historia, partiendo de la relación de las experiencias histórico-sociales de dicha región con el Sistema-Mundo y la Modernidad, para dar lugar a las reflexiones sobre la «herida colonial» y la problemática de la colonialidad. En un segundo momento, los análisis y postulados realizados previamente se relacionarán con el proceso de integración de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América [ALBA], describiendo y analizando –en forma de apuntes introductorios – su conformación y sus etapas, así como algunos de sus alcances y limitaciones.
El proyecto de Nuestra América y la idea de América Latina: Una nueva mirada sobre la historia
Para comprender las realidades de los pueblos latinoamericanos resulta relevante un enfoque histórico y dialéctico, en donde las interpretaciones y [de]construcciones tradicionales no tienen lugar, ya que ahora es necesario desaprender. Con respecto a la historia, América Latina ha sido borrada de la misma; en su lugar se ha impuesto la historia de Occidente [Europa-EEUU], y la historia de occidente se resume en la culpabilización de sus victimas, mientras este al perseguir la culpa se concibe como un victimario heroico e inocente (Hinkelammert, 1991).
Si bien la historia de occidente y su relación con las demás regiones del mundo no es monolítica, se pueden establecer algunas tendencias históricas en periodos de tiempo concretos, como el fenómeno de la Modernidad, que consiste –a grandes rasgos– en: “(…) el manejo de la centralidad de Europa en el Sistema-Mundo” (Dussel, 2008: 27). Dicha centralidad comienza con el proceso denominado como «Primera Modernidad», que consiste en la expansión europea hacia el Atlántico a finales del siglo XV y los posteriores procesos de conquista y colonización en América, África y Asia; para continuar con la «Segunda Modernidad», que consiste en los procesos de la ilustración y el desarrollo de la filosofía racionalista durante el siglo XVII; para dar paso a la «Tercera Modernidad» donde se asienta la hegemonía angloamericana como un apéndice europeo, desde el siglo XX hasta hoy (Dussel, 2008). Un punto relevante acá es que los procesos anteriores tienen como germen y fundamento el desarrollo de un sistema económico mundial específico: El capitalismo.
Asimismo, la Modernidad se basa además en la idea de raza y la jerarquía etno-racial global que atraviesa todas las relaciones sociales existentes tales como la sexualidad, género, conocimiento, clase, división internacional del trabajo, epistemología, espiritualidad, etc.; y que generan condiciones de dominación, explotación y violencia (Montes y Busso, 2007).
Entonces ¿qué relevancia tienen todas estas cuestiones para la comprensión de las realidades latinoamericanas?, la relevancia recae en que con el devenir histórico mencionado –y a pesar de que las administraciones políticas coloniales ya no existen casi en su totalidad–, las problemáticas han sido internalizadas debido por un lado a la «herida colonial» que consiste en: “(…) el sentimiento de inferioridad impuesto en los seres humanos que no encajan en el modelo predeterminado por los relatos euroamericanos” (Mignolo, 2007: 17), y por otro lado debido a las relaciones de poder que continúan reproduciéndose. Al conjunto de relaciones de poder de dominación y explotación vigentes y discursos encubiertos que han sido internalizados, se le denomina: Colonialidad. (Mignolo, 2007).
Ahora bien, si se tiene en cuenta lo anterior, cabe preguntarse ¿y donde entra América Latina en la nueva mirada? Para dar respuesta a la interrogante son importantes algunas precisiones: En primer lugar, América nace como idea y constructo geosocial a partir de lo impuesto por occidente a lo largo del siglo XVI, borrando las concepciones y cosmovisiones de las y los habitantes originarios del «territorio» (Quijano y Wallerstein, 1992). En segundo lugar, para mediados del siglo XIX, la idea de América como unidad comenzó a fragmentarse y nació la idea de América Latina, que consiste en: “(…) la triste celebración por parte de las élites criollas de su inclusión en la Modernidad, cuando en realidad se hundieron cada vez más en la lógica de la colonialidad” (Mignolo, 2007: 81). Es decir, esta idea pretendía englobar en un marco uniforme a una región en donde coexistieron –y coexisten– diferentes sociedades y culturas, en otras palabras: Diferentes realidades; lo cual implicaba borrar y/o invisibilizar a las no occidentales y sobreponer a la occidental, la cual había sido internalizada por las élites y oligarquías criollas. Sin embargo, cabe aportar que el concepto de América Latina también lo han disputado y utilizado pensadoras y pensadores críticos, por lo que no puede señalarse como si su criterio se encontrara absolutamente al “servicio” de occidente [1].
Por tanto, si bien la idea de América Latina no puede ser descartada absolutamente de manera que entre en la nueva mirada de la historia, resulta importante desarrollar otro concepto: El de Nuestra América; el cual fue explicado por el cubano José Martí a fines del siglo XIX (Mignolo, 2007). El discurso de Nuestra América consiste en un proyecto de disenso con respecto a la idea de una América totalmente uniforme, y de consenso con respecto a las experiencias histórico-sociales de los pueblos que han sido excluidos y explotados por los imperios occidentales: Nos une la «herida colonial» y las venas de un continente que aún continúan abiertas. Por lo que la unión de los pueblos frente al imperialismo, posibilita la transformación de las realidades. Esta última concepción es la que tiene una mayor consistencia con la nueva mirada sobre la historia, porque abre las condiciones de posibilidad para el cambio social.
Para concluir el primer apartado es relevante realizar una pequeña reflexión sobre las condiciones de posibilidad que abre la concepción de Nuestra América. Actualmente, el tren de la Modernidad coarta a la realidad social como proceso, al presentar a la colonialidad –y con esta al capitalismo global– como un destino anónimo contra el que es imposible luchar ya que escapa al control social ( Žižek , 2008); el discurso moderno actual es: “O nos adaptamos a él o nos quedamos fuera de la Historia y resultamos aplastados. Lo único que se puede hacer es intentar que el capitalismo global sea lo más humano posible, luchar por un «capitalismo global con rostro humano» (al cabo, tal es –o, más bien, era– el propósito de la Tercera Vía).” ( Žižek, 2008: 472). Justamente frente a esto es donde entran las condiciones de posibilidad de aceptar el riesgo de abrazar las grandes decisiones colectivas de los pueblos que realizan pensando y sintiendo las transformaciones. Transformaciones que implican un cambio de vista desde la innovación de las instituciones sociales hasta la transmutación radical de los sistemas políticos y las realidades (Dussel, 2006).  
ALBA: Integración alternativa y contingencia Teniendo como horizonte el apartado anterior, es pertinente adentrarse en el proceso de integración alternativa de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América [ALBA]. En ese sentido, la integración regional tradicional dictada desde el centro del Sistema-Mundo tiene como carácter a las ventajas comparativas, es decir a priorización de la tasa de ganancia de cada Estado; por lo que sus agendas giran en torno al comercio internacional y su liberalización, al crecimiento económico y a las posiciones hegemónicas dentro del sistema. Por otra parte, la integración regional alternativa creada y propuesta en la periferia tiene como carácter a las ventajas cooperativas, o sea a la contribución de la integración al desarrollo colectivo, a la negociación internacional, al internacionalismo revolucionario y por ende a las transformaciones estructurales (Espinosa, 2011). Acá lo importante es recalcar que las relaciones internacionales tradicionales reproducen las matrices de poder de la colonialidad, mientras las alternativas buscan superar lo real con la transformación.
Ahora bien, ¿Qué es y cómo nació el ALBA? El ALBA es un proceso de Integración Regional que aparece en un primer momento como: Alternativa Bolivariana para las Américas en el año 2001; en un contexto en donde Nuestra América acaba de pasar un punto de ruptura con el tiempo continuo, es decir con las realidades tal y como estaban. Dicho punto de ruptura comienza con el llamado Caracazo en 1989 y se extiende hasta la sublevación zapatista en 1994, mientras en el Sistema-Mundo se escuchaban los ecos de la caída del Muro de Berlín y el modelo neoliberal era llevado a su límite; ni Latinoamérica ni el mundo volverán a ser los mismos. Como parte de dicho proceso de quiebre, los movimientos y partidos progresistas y revolucionarios latinoamericanos pasan de la resistencia al poder, es justo ahí en la III Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe en donde el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías propone la creación de dicho organismo internacional basado en las ideas e intentos del libertador Simón Bolívar y de otros pensadores que soñaron con el proyecto de Nuestra América (Espinosa, 2011).
Este nuevo proceso puede entenderse como: “Una opción de desarrollo en función de las grandes mayorías populares históricamente explotadas, excluidas y oprimidas, es una opción emancipadora por la independencia, la justicia social, la libertad y la equidad, es un ‘salto estratégico’ hacia una nueva etapa en Latinoamérica, el Caribe y el mundo.” (Espinosa, s/f)
En el corto desarrollo del proyecto pueden identificarse cinco periodos con sus respectivos acontecimientos [2]: El primer periodo (2001-2004), que abarca desde su primera formulación hasta su Constitución con la firma de los primeros acuerdos entre Venezuela y Cuba. El segundo Periodo (2004-2006), condensa la primera ampliación con la incorporación de Bolivia y la profundización de la propuesta con el Tratado de Comercio de los Pueblos [TCP], el nacimiento de TeleSur y la internacionalización de las Misiones. Continuando con el tercer periodo (2007), en donde se incorpora Nicaragua y se crea el Banco del ALBA y las primeras comisiones técnicas junto con la firma del Tratado Energético (Silva y Martins, 2013). Estos primeros tres periodos transcurren mientras EEUU continúa con su proyecto Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que pretende acentuar el “libre mercado” regional.
En el cuarto periodo (2008-2009), se realiza otra ampliación con las incorporaciones de Ecuador, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Honduras; asimismo, el proyecto se transforma en Alianza y se crea el Consejo de Movimientos Sociales, el Consejo Político del ALBA, el Proyecto Grannacional, el lanzamiento de la idea del Sistema Unificado de Compensación Regional de Pagos [SUCRE], y la firma de acuerdos sobre Seguridad y Soberanía Alimentaria. Por último el quinto periodo (2010-Presente), en donde se realiza la adhesión de Haití, Surinam y Santa Lucía, y se toma la decisión de crear el Consejo de Defensa del ALBA, y la tarea de enfrentar el gran reto histórico de construir una base económica independiente y socialista (Silva y Martins, 2013).
Parte de las dinámicas regionales dentro del ALBA, han consistido en relaciones basadas en las ventajas cooperativas, como por ejemplo la redistribución de la renta petrolera de Venezuela a cambio de los servicios de Salud y el conocimiento científico y educacional de Cuba; así como la reorientación implícita de la estrategia de desarrollo para la satisfacción de las necesidades básicas. Además, el ALBA se posiciona como una desconexión entre los precios de conveniencia de las mercancías intercambiadas y la capacidad de compra de los socios comerciales, adaptándose a las capacidades disponibles de su contraparte por medio de acuerdos compensatorios (Katz, 2006).
Otro aspecto a señalar consiste en el relativo consenso político que se ha logrado conseguir, esto se evidencia en los pronunciamientos y en las decisiones tomadas en las Cumbres y en el Consejo Político del ALBA. Por ejemplo, el repudio al Golpe de Estado en Honduras en 2009 que trajo consigo la salida de dicho país; así como la denuncia de la ocupación militar gringa en Haití luego del terremoto de 2010. Además, el ALBA se ha presentado como bloque en distintos espacios como la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente realizada en Copenhague en 2009.
Sin embargo, todo proceso si es tomado seriamente necesita la autocrítica, por tanto es perentorio señalar también sus limitaciones. Una de las principales limitaciones hasta el momento es la llamada «dualidad», que consiste en la relación de los países que conforman el ALBA con otros procesos de integración, es decir algunos juegan un doble papel estructural que es algo complejo; por ejemplo: Nicaragua forma parte de los acuerdos del ALBA en donde se realiza una acometida frente a las injusticias de los Tratados de Libre Comercio, mientras al mismo tiempo es parte del CAFTA-DR y no ha realizado ni siquiera el planteamiento de renegociación (Briceño, 2011). Dicho fenómeno de «dualidad» es una de las caras de la problemática de las estructuras del ALBA que aún tiene limitaciones con la toma de decisiones colectivas que vinculen a todas las partes integrantes. Acá cabe rescatar que las transformaciones radicales y por tanto lo nuevo, no nacen de la noche a la mañana, sino que consisten en procesos llenos de avances, contradicciones y retrocesos que son propios de la dialéctica social.
Por último, a modo de conclusión, resulta pertinente dirigir el análisis hacia la contingencia del proceso; es decir, hacia las condiciones de posibilidad que abren el camino a la transformación de las realidades de Nuestra América. En ese sentido, el ALBA ha contribuido al debate sobre un modelo de integración propio de las realidades latinoamericanas y su memoria histórica [la nueva mirada], las cuales busca trascender, o sea busca abrir otras posibilidades de lo real. Asimismo, ha ayudado a la transformación, por medio de la politización y la organización de los pueblos que van decidiendo “sobre la marcha” las construcciones de otros mundos posibles, más justos, más democráticos y más solidarios.
Notas
[1] Para profundizar el tema ver La idea de América Latina: La herida colonial y la opción decolonial (2007) de Walter Mignolo, publicado por Gedisa.
[2] Para profundizar el tema de los acontecimientos y alcances concretos del proceso de integración alternativa del ALBA en cada uno de sus respectivos periodos, consultar: América Latina y el Caribe: ALBA: ¿Una nueva forma de Integración Regional? (2011) de Altmann, J. (Ed.), publicado por FLACSO.
Bibliografía
Briceño, J. (2011). El ALBA como propuesta de Integración Regional. En: Altmann, J. (Ed.). (2011). América Latina y el Caribe: ALBA: ¿Una nueva forma de Integración Regional? Buenos Aires: FLACSO.
Busso, H y Montes, A. (2007). Entrevista a Ramón Grosfoguel. Revista Polis de la Universidad de Los Lagos de Chile, 18 (1).
Dussel, E. (2006). 20 tesis de política. México: Siglo XXI.
Dussel, E. (2008). Marx y la modernidad: Conferencias de la Paz. Bolivia: Ediciones Rincón.
Espinosa, E. (2011). El ALBA: Teoría y práctica de la Integración Regional. En: Altmann, J. (Ed.). (2011). América Latina y el Caribe: ALBA: ¿Una nueva forma de Integración Regional? Buenos Aires: FLACSO.
Espinosa, E. (s/f). El ALBA: Un camino hacia el desarrollo. La Alternativa Bolivariana para América. Disponible en:  http://www.flacso.uh.cu/sitio_revista/num1/articulos/art_EEspin2.pdf.p17
Hinkelammert, F. (1991). Sacrificios humanos y sociedad occidental: Lucifer y la bestia. San José: DEI.
Katz, C. (2006). El rediseño de América Latina: ALCA, MERCOSUR y ALBA. Buenos Aires: Ediciones Luxemburg.
Mignolo, W. (2007). La idea de América Latina: La herida colonial y la opción decolonial. Barcelona: Gedisa.
Quijano, A y Wallerstein, I. (1992). A mericanidad como concepto , o las Américas en el sistema- mundo moderno. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 134 (1), 549-556.
Silva, C y Martins, C. (Coord.).(2013). Nuevos Escenarios para la Integración en América Latina. Santiago de Chile: CLACSO.
Žižek, S. (2008). En defensa de causas perdidas. Madrid: Akal.  
Mauricio Sandoval Cordero. Estudiante de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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