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sábado, 21 de noviembre de 2009

Lil Milagro, recuperación de una Memoria[1]

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Por Miriam Medrano*

Testimonio de reminiscencias sobre Lil Milagro Ramirez, poetiza y revolucionaria, estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador y pionera de la lucha armada en El Salvador.

El artículo aporta aproximaciones al perfil humano, poético y físico de Lil Milagro desde la óptica cercana que la amistad compartida con ella le otorga a la autora del trabajo y que pretende iniciar el rescate de la época que a Lil Milagro Ramirez le tocó vivir.

¿Cómo era? ¿Quién de los que estudiábamos entonces en la facultad de derecho podría olvidar su imagen de adolescente? ¿Qué sino tenía aquella chiquilla con ausencia total de maquillaje, rostro sonriente, chumpa roji-amarilla reversible, falda fruncida, banda ancha de cualquier color en el cabello, calcetines y zapatos tenis?

En una facultad aún con poca presencia femenina en donde las muchachas nos maquillábamos con cuidado y nos fijábamos en un bonito vestir, a ella parecía no importarle esas cosas. Un poco antes, le había escrito una carta a Juana de Ibarborou con sus poemas tempranos y la gran escritora le había respondido con una carta increíble en donde le decía que si así escribía siendo tan joven, qué no haría posible más adelante.

Eran los tiempos de:

Viento no soples con tu fuerza brava

No quiero recordar lo que se ha ido Octubre del amor, beso perdido

Que empieza enamorarme y nunca acaba

Octubre del ayer, viento querido

Tu auténtica humedad me da tristeza ¿Como elevar el alma con presteza Si no me dejas encontrar olvido?

Octubre de soñar en vaguedades

Octubre de futuras navidades

Aquieta de una vez tu viento niño

Que ya no quiero recordar

Octubre Aquel amor que mis sentidos cubre Con el dolor de su cariño muerto

Solíamos intercambiar poemas, así, el "Farewell" fue a parar a mis manos, y "La carta en el camino" a las de ella. Mas tarde, ya en la clandestinidad musicalizaría parte de ella: "Amor, te espero, adiós amor, te espero, amor, amor, te espero....

Brillante estudiante desde los inicios de la facultad, andábamos tras sus ordenados y ricos apuntes de clase. Excelente mecanógrafa, ella misma los sacaba en sténcil para que todos pudiéramos estudiar con ellos.

No tenía entonces ninguna filiación política; era vegetariana. Doña Tanchito, su madre Acuariana, nos hacía cartas astrológicas a todas las amigas de Lil. Había, en la casa familiar de San Jacinto, en una pequeña estancia a la par del comedor, un viejo piano, una pizarra y los cuartos atiborrados de libros y recortes de periódicos. Escribía bajo el nombre de Clara Patricia Marcel, dejó algo escrito con ese nombre en "El Universitario" o en alguna publicación de la Facultad de Derecho de ese entonces.

Lil era una joven llena de alegría de vivir, y además, la transmitía. De hecho, fue una característica que no la vi perder ni siquiera en los días difíciles en la clandestinidad.

Nuestra amistad se había dado de forma espontánea al entrar las dos a la Facultad de Derecho y tenía a la base lecturas y sueños comunes, y una gran ilusión por la facultad y la Universidad que en aquél tiempo vivía su época de oro con el Dr. Fabio Castillo Figueroa como rector.

Hicimos juntas el primero y parte de segundo año de Derecho hasta agosto de 1964, año en que partí a continuar estudios en Moscú, como parte de una política de formación de jóvenes cuadros del Partido Comunista al que ya yo pertenecía. Cuatro años habría de durar esta primera separación.

En Moscú, y a través de México y Panamá, ya que no podíamos escribir directamente; habría de recibir cartas largas y afectuosas dándome noticias que la patria añorada y de los amigos lejanos. En una de ellas, Lil escribiría consoladoramente:

Recuerda:

Para el sentir y el pensamiento no hay fronteras

Ni mar, ni viento ni distancia alguna

Ni atardecer dorado o noche oscura

Platica con mi voz cuando tú quieras,

Cuando encuentres motivo para un tema,

Platica sin reservas, llanamente,

Hoy la pluma es tu amiga, y el papel es consuelo,

De saber que en su cue1po escribirán tus manos,

El alma que mañana danzar a

A nuestra vista fugitiva.

Escribe, escribe como si yo estuviera escuchándote... Ni hablas tú, ni hablo yo, hablan las almas que siempre se entendieron como hermanas...

La vida pasaba, Moscú me convirtió en mujer y madre, la conversación epistolar se interrumpió. En el año mágico de 1968, la noticia de la gravedad de mi madre, me hizo regresar. El doloroso suceso me permitió ver de nuevo a Lil. Estaba transformada, creo que trabajaba en secundaria o en los juzgados. Era, junto con Marianella García Villas, Rubén Ignacio Zamora, Jorge Cáceres Prendes, Eduardito Colindres, Francisco Díaz, Luis Felipe Alian, Manuel Umaña, Rina Angulo y otros jóvenes, brillante activista de la Democracia Cristiana. Era, el de ellos, el Cristianismo cambiante de Medellin y Puebla y la opción sacerdotal guerrillera expresada en canciones que Lil entonaba en su guitarra:

"Dicen que allá en el cielo se oyó una voz

era Dios que gritaba, Revolución

revise las sotanas, mi general

que en la guerrilla bien cabe IIn sacristán"

De alguna curiosa manera, la gran ola revolucionaria que nos envolvía, incluía a cristianos y marxistas en un accionar común.

Nunca sentí, en el ser o en el expresarse de Lil, prejuicios marcadamente anticomunistas que sí había en otros amigos social cristianos. Platicábamos largamente. No, no tenia derecho a reclamarle que no hubiese ingresado al Partido. Debía darme por muy satisfecha de veda luchar desde la trinchera de su filiación política. habían pasado cuatro años, y la chiquilla se había convertido en una hermosa muchacha. Vestía bonito, combinaba muy bien tonos, y se maquillaba con cuidadosa sencillez. Sonriente me contó que había dejado su vegetarianismo.

Estaba politizada en cuerpo y alma. Marchaba al ritmo de los tiempos, fusionaba su profundo cristianismo con su incipiente actividad revolucionaria.

Mi ingreso definitivo al país en 1969, nos volvió a unir con mucha intensidad. Hay tiempos en que la vida parece condensarse, y, como canta Serrat, nos besa en la boca, y saca conejos de la vieja chistera. 1970 fue de esos. Mi amistad con ese grupo de jóvenes tan especiales, ha sido uno de los momentos más hermosos que me ha otorgado la vida. En realidad, todos esos años fueron delirantes. La patria gestaba revolución. Lil le sacaba raja a su militancia social cristiana dando lucha al ala conservadora de su partido.

Nos unimos en un grupo medio bizarro, una muchacha que se decía marxista y un grupo de jóvenes social cristianos que levantábamos suspicacias de uno y otro bando. Discutíamos mucho, íbamos al Bolerama Jardín, celebrábamos cumpleaños con guitarras en "Macondo"(El cuarto de Marianella tenía ese rótulo a la entrada). Empezábamos a trabajar como jóvenes instructoras en la Universidad, Lil en Derecho, yo, en el Departamento de Filosofía. De alguna manera, Lil se culparía de esos días:

Mea culpa, Dios mío,

Por mi conciencia aburguesada,

Por mi conducta, y la de mis amigos, alienada,

Porque no ignoro donde está el camino, Porque no quiero renunciar a nada,

Mea culpa, dios mío, mea culpa

Pasaron los meses, un buen día, Lil, que ya era egresada de la Facultad, me dijo que había conseguido una beca de posgrado en Europa. Francia había sido siempre su sueño y ahora iba a convertido en realidad.

No le creí. No podía ser cierto, la coyuntura del país, de la cual tanto habíamos hablado, no era para viajes al extranjero, sin embargo, persistió en su supuesto viaje, y cuando partió, la fuimos a despedir al viejo aeropuerto de Ilopango, el del hermoso zodíaco cupular.

Cuando quise ver el pasaporte, que estaba sobre el estante de chequeo, no me lo permitió, me lo arrebató de las manos. Así partió, dejando una estela de incertidumbre sobre su Viaje.

Nuevas, y también extensas cartas con estampillas de París y Bélgica llegaron esta vez al Departamento de Filosofía donde yo trabajaba. Una de ellas, con una gran cantidad de palabras en idioma ruso, logró desconcertarme. ¿Estaría estudiando en Rusia y no me lo había dicho? Mas tarde, al darme Lil, ya en la clandestinidad, las memorias de León Trostsky para que las leyera, caí en la cuenta de que de ahí las había tomado. (Sí, de Trostsky, habría que ver cual fue su influencia en el temprano movimiento revolucionario en nuestro país. Hay muchas cosas que no se han estudiado sobre la historia de nuestro proceso, y es una tarea a la que hay que darse con responsabilidad y madurez.) Ya no podía responder a sus cartas, no había ni siquiera una posta restante como remitente.

La correspondencia se interrumpió y la vida siguió su curso. Tiempo después de su partida y de su silencio, una noche, cuando acababa de regresar de la Universidad, tocaron a la puerta de mi casa en la Colonia La Campiña. Una delgada silueta femenina de cabello rubio y rizado se dibujó en el marco de la puerta. La reconocí solamente porque llevaba puestos un par de pantalones verdes que yo le había regalado. Estaba radiante, totalmente eufórica, muy orgullosa de su clandestinidad. Requería ayuda hacia ella y sus compañeros para hacer lo que estaban haciendo.

Creo que rompimos, con enorme imprudencia, un montón de reglas de clandestinidad. Nos veíamos incluso cerca de la Universidad antes de la brutal intervención de 1972. Y luego, pasábamos noches enteras platicando en la casa de la Colonia Centro América a donde yo me había mudado.

Charlábamos de mil cosas diferentes, pero había en ella, un ansia especial por saber de los arn1gos comunes. Íbamos a comer a lugares sencillos, comedores y pupuserías insospechados e insospechosos. Creo que no pensábamos en el miedo, que el rigor de la clandestinidad, o la soledad, o la tensión de sus tareas, las paliaba en parte platicando conmigo. Sentía yo la necesidad de Lil de tener a alguien de confianza y de afecto cerca, y para mi era tan acrisolada la amistad que nos unía, que nos resistíamos a reparar en lo imprudente de nuestro descuido y en el peligro existente.

Mi segunda hija nació en mayo del 72. En la clínica, recibí un hermoso poema primorosamente decorado con papel transparente de color rosado sobre cartulina blanca. Lo tituló: "La Bienvenida". Mi hija conserva el original:

Pequeña nuestra,

Déjame saludarte el primer día,

Con palabras maduras,

Como todos los hijos de nuestros compañeros

Eres una esperanza

Naces comprometida a la trinchera

y es preciso que sepas de tu herencia,

No te asombres, pequeña,

Si te arrullan canciones de protesta

y si desde la cuna Te hablan de una revolución y una conciencia

Crecerás, mi pequeña con el puño cerrado

y tus pasos primeros

Los darás tras la huella luminosa

De nuestra patria nueva.

Me emociona pensar que va a llegar el día,

En que pueda llamarte camarada

Pero quiero decirte, mi pequeña,

Que eres depositaria y responsable del futuro

Que en tus manos de niña

S e coloca temblando un tesoro de ideas,

Que tienes para siempre una tarea,

Que te espera un camino,

Por ese porvenir.

Mi corazón se alegra mucho, y te saluda,

y escribe para ti la bienvenida,

Con palabras maduras

Un tiempo antes, me había contado que había una persona cerca de su corazón y su accionar. Me lo describió: Pequeño, delgado, por supuesto, se podía conversar extensamente con él sobre literatura y política no me dijo quién era. Lo supe solo después, Hay algo que decir a este respecto con relación a Lil: No conozco la razón, aunque tengo algunas sospechas, pero su vida sentimental, de alguna manera, mantenía algunos miedos, Le conocimos varios enamorados y uno cuantos enamoramientos, pero nunca, un noviazgo "serio", como los de entonces. Eh todo caso, Roque tuvo el enorme privilegio de ser el hombre amado en la vida de Lil.

Me hizo confidencias que podrían transformarse en hermosas secuencias cinematográficas o pasajes bellísimos para una novela. Supimos, así, de su extraordinaria relación; conocimos del gran amor que Roque significó para Lil:

Tú para mi el primero

Yo para ti la bienamada…

Nuestro amor cuerpo a cuerpo

nuestro amor beso a beso.

En busca de la doble y misma sensación.

Un dejo de nostalgia en mi cintura, Acrecienta el deseo....

No sé si Roque escribió algo a Lil. ¿Tendrá algo que ver con ella el Tercer poema de amor? ¿Alguien lo sabe?

A quienes te digan que nuestro amor es extraordinario.

Porque ha nacido de circunstancias extraordinarias,

Diles que precisamente luchamos.

Porque un amor como el nuestro,

Amor entre compañeros de combate,

llegue a ser El Salvador,

el amor más común y corriente.

Casi el único.

Dejé de ver a Lil. Se podría hablar mucho de los motivos que provocaron esta decisión No tengo ninguna justificación por no haber estado a su lado cuando Roque fue asesinado. A quienes estuvieron cerca de ella, en esos momentos, corresponde dar testimonio de esas páginas lacerante s de la vida de Lil, de Roque, de nuestro proceso y de nuestro país. Habría que preguntarles por qué no lo han hecho, por qué no lo hacen.

Al igual que no tenemos tumba de Roque, tampoco tenemos de Lil. Habría que reflexionar profundamente sobre la tendencia a asesinar a los mejores. Monseñor Romero y Roque son tan solo dos casos en la vida del país. Han sido producto de "errores de juventud" de alguna gente de izquierda y de la saña de la derecha. ¿Qué pueden tener en común dos bandos tan supuestamente contrarios? En el caso de Monseñor, los móviles de la derecha son claros, pero que la izquierda asesine a su mas genuino e ilustre intelectual revolucionario, va más allá del más grande esfuerzo de imaginación que se pueda hacer.

Sabemos que el cautiverio de Lil duró mucho tiempo. Se cuentan muchas cosas sobre su calvario. Es necesario hacer una recopilación de todos los datos y detalles que sobre ella se tengan por parte de los que tuvimos el privilegio de conocerla y reconstruyamos la memoria de esta mujer excepcional, sobre todo de las características que la llevaron a tomar la decisión consciente de marginarse para servir a un proceso con el riesgo voluntario de dar la vida por él, como realmente ocurrió.

Muchas veces me he preguntado que hacia Lil en las condiciones actuales del país.

N o la imagino de diputada o columnista de rotativos de gran circulación. Tuvo el privilegio de inmortalizarse en toda su estatura revolucionaria, y, al igual que Roque, convertirse en leyenda. Quizás fue mejor así.

Que no descanse en paz. Que su brillantez y diafanidad revolucionaria, su voluntad forjada cuesta arriba, su capacidad de entrega a la utopía, su ausencia de egoísmo, su generosidad hacia los otros, se metan en la sangre, el alma, el corazón, las mentes y el hacer de los jóvenes de hoy y los prepare para nuevas jornadas tanto o más maravillosas que a las que a ella le fue dado, en extraordinario privilegio, vivir.

Muramos Lil, para renacer....

Ciudad Universitaria, enero-febrero 2001 (entre dos terremotos de signo 13)

*Miriam Medrano es docente salvadoreña de Departamento de Letras de la Universidad de El Salvador.


[1] Ponencia presenada en el Primer Coloquio sobre Literatura y Testimonio del 5 al 8 de marzo de 2001 en La Universidad de El Salvador… Posteriormente, a la presente ponencia logramos la recuperación de un precioso material epistolar y poético de Lil Milagro, del cual hemos sacado a luz ya el poemario “Del hombre del tiempo y del amor”, a la vez que nos encontramos en la preparación de un libro más completo. A la luz de las cosas recientemente descubiertas, hay aspectos que variarían de acuerdo a la percepción que teníamos de los hechos. Estos puntos serán modificados en el libro como tal, que esperamos sea publicado a fines de 2003 a principios de 2004.


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