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jueves, 25 de marzo de 2010

ARTISTAS DE HONDURAS EN RESISTENCIA:


Comunicado:

Al pueblo hondureño en Resistencia, a quienes apoyan de hecho y por omisión a este régimen sangriento, a la comunidad internacional y a los organismos mundiales de derecho, ARTISTAS en RESISTENCIA comunica:

1. Que repudiamos enérgicamente el asesinato del compañero maestro JOSÉ MANUEL FLORES ARGUIJO -miembro activo del FNRP, del PSOCA y otras organizaciones beligerantes, en lucha contra la oligarquía criolla y la derecha continental-, cuya sangre derramada se une a la de otros mártires de las organizaciones magisteriales de Honduras.
2. Que nos solidarizamos con el luto de la familia del compañero José Manuel Flores Arguijo; y declaramos que su muerte no tendrá olvido ni perdón.

3. Que denunciamos el estado de represión, muerte e indefensión jurídica profundizado desde la madrugada del 28 de junio de 2009 y continuado en el actual gobierno ilegítimo de Porfirio Lobo Sosa y su sicópata gendarme, Óscar Álvarez.
4. Que exigimos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a la Corte Penal Internacional (CPI) y a todos los organismos competentes, que emprendan los procesos jurídicos necesarios para frenar la ola de terror, muerte e impunidad institucionaliza desde el poder ejecutivo, legislativo y judicial del Estado de Honduras, con el apoyo del embajador y departamento de Estado de los EE.UU.
5. Que, en vista de que el orden constitucional no ha sido restablecido con la ilegítima asunción de Porfirio Lobo Sosa al poder, ratificamos nuestro derecho a la insurrección, bajo el amparo del Artículo 3 de la Constitución de la Republica, que literalmente dice: “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional”.
6. Que reconocemos y nos sumamos a la unidad del movimiento popular -amalgamada con la sangre de los mártires y con la dignidad del pueblo-, en su lucha por la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente como vía posible para la refundación de Honduras.


Tegucigalpa, 24 de marzo de 2010.


Concierto de Calle 13 en la Tribuna: "Canta, Cubita linda"


Año VIII. La Habana 24 de MARZO de 2010
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Concierto en la Tribuna

"Canta, Cubita linda"

Cobertura especial de La Jiribilla • La Habana


RADIOGRAFÍA DE Calle 13 EN la habana por Iván Soca


GALERÍA DE IMÁGENES: CONCIERTO DE Calle 13 EN LA TRiBUNA ANTIMPERIALISTA


Cuba amaneció el martes sabiendo que sería un gran día. El esperado concierto del grupo puertorriqueño Calle 13 iba a estremecer la Tribuna Antimperialista en La Habana a las cinco de la tarde, y luego, los fanáticos del beisbol se darían cita en el Sandino —sentados en sus gradas o frente al televisor— para ver el primer juego de la final en la Serie Nacional.

Desde las ocho de la mañana, en la plaza que linda con el Malecón de La Habana y la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, una pareja marcaba su puesto para el espectáculo vespertino. Los boricuas habían prometido una fiesta gratuita para el pueblo cubano, y a la hora pactada, el público desbordaba la Tribuna y sus calles aledañas. Se estima que unas doscientas mil personas estaban allí para cuando los once músicos del grupo irrumpieron en el escenario, portando, a tono con el palpitar de los criollos, la camiseta del equipo cubano de pelota.

La banda del invitado cubano Kelvis Ochoa, vistiendo en reciprocidad el pullover de la selección puertorriqueña de béisbol, ya había calentado el escenario e invitado al auditorio a bailar con su “Curandera”, “La natilla” y el ritmo de la conga. Kelvis, quien convidó además al trompetista Julito Padrón y al bajista Gastón Joya, agradeció la presencia de Calle 13 en Cuba, y, enarbolando su frase identitaria, “lo más grande de la vida”, dedicó la actuación a sus “hermanos de la Brigada Martha Machado” que se encuentran prestando ayuda en Haití.

El tiempo entre la presentación de Ochoa y la irrupción de Calle 13 en escena, fungió —aunque los organizadores no lo planificaran con total intención— como catalizador de los ánimos de los presentes. En el momento en que René Pérez Joglar tomó las riendas del show, nada fue más cierto que aquello escrito en el cartel de un admirador: “Esto es una fiesta de locos. Estamos en talla”. Los concurrentes bailaron y corearon cada tema, sin defraudar a Residente, quien pidió al inicio del concierto “demostrar que Cuba está viva”.

Con “No hay nadie como tú” se abrió la senda por la cual Calle 13 condujo a los cubanos a cantar “sin tabúes” sobre sexo, amor, violencia y política. A la canción que originalmente la banda interpretara con el grupo mexicano Café Tacvba, siguió su “Cumbia de los aburridos”, durante la cual René dejó descubierto un letrero dibujado en su espalda con la sentencia: “recibimos flores y balas en un mismo corazón”.
Esta declaración “a piel descubierta” caracteriza el contexto de manera única, casi ideal. Mientras Willy Chirino y Emilio Estefan criticaban en Miami la visita de los músicos a la Isla, Calle 13 recibía el Premio Internacional Cubadisco por su CD Los de atrás vienen conmigo. Residente dedicó el lauro a todos los músicos cubanos, “los que llevan años y los que empiezan, que deben saber hacer música sin miedo y decir lo que se siente”.

El concierto volvió a hablar de un Calle 13 que en Cuba ha demostrado no temerle a nada. “Yo tengo mis ideas, pero estoy en contra de matar a la gente así por así”, expresó Residente al introducir “Querido FBI”, una canción que escribiera en Puerto Rico y que en esta ocasión ofrendara, además de a Filiberto Ojeda Ríos, “al Buró Federal de Inteligencia, a los presos políticos, a este país que se ha mantenido siempre de pie, a todas las familias, y al edificio que está allá atrás”, señalando a la Sección de Intereses norteamericana.

Y mientras sonaba “Pal Norte”, tema inspirado en el viaje de la agrupación por diferentes comunidades de América Latina, René apuntó de nuevo al inmueble que se encuentra al fondo de la Tribuna, para pedir respeto a los emigrantes. “Este tema es para todos los emigrantes del mundo, para los que se quedan en su país cosechando, para los que se van, para los que vienen a ayudar a Cuba, y para los cubanos que salen a ayudar a otros países como Haití”.

“La crítica me hace crecer”, apuntó René cuando el recital proponía “Ven y critícame”, un número en el que asume la utilidad del señalamiento oportuno, y en el cual aborrece, a la vez, “a la gente que critica pa´ joder”.

Muy difundidos en Cuba, temas como “Atrévete-te-te” y “Se vale to-to”, fueron algunos de los más reclamados por el público, pero al mismo tiempo, propusieron el reto que no desaprovecharon algunas muchachas para subir a bailar al escenario. “Todas las cubanitas están muy buenas”, dijo Residente, un perenne enamora´o caribeño, quien vive además, orgulloso de tener cuatro hermanas “que me defienden”. A estas y a todas las mujeres, regaló el boricua, en un “Beso de desayuno”, los versos: tú eres mi vitamina del pecho, mi fibra/ tú eres todo que me equilibra.

El grupo quiso escucharse cerca, al final de la Tribuna, en el oído del último hombre a la vista y a la altura de los edificios vecinos: “¿Cuba está conmigo?”, preguntaba René sin lograr apenas terminar la frase por la bulla que llegaba desde todas partes. Calle 13, “bien contento”, se propuso “tumbar las nubes”. La gente, además de música, vio llover cerveza y hasta zapatos. Casi oscureciendo, antes de hacerse servir de la noche como sábana, los músicos invitaron otra vez a Kelvis para cantar, en “La Perla”, a “lo bonito que se ve La Habana desde un avión” y sellar estas horas de un martes memorable con su “!Viva Cuba Libre y Latinoamérica unida!”.


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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José Martí


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"El silencio de las víctimas es victoria para los agresores" (Mariposa.)
Investigación, juicio y castigo para los asesinos del matrimonio Manzanares-Monjarás!.

YO DENUNCIO

Retazos de Memoria Historica hace publicamente un rechazo a la manera en que se conmemoró ayer por parte de la Alcaldía de Santa Ana, el aniversario martirial de nuestro San Romero de los Pobres.
Bailando "regueton" y meneando nalgas juveniles, no es la manera cultural ni religiosa de honrar la memoria.

Se equivocaron, camaradas.........

No hay mayor diferencia entre este acto irresponsable y la presencia de Norman Quijano en la Misa del sábado pasado en catedral metropolitana.




Juzgue Usted:





Si nosotros no rescatamos la memoria de nuestros familiares y compañeros y compañeras caídas ¿quién lo hará?

miércoles, 24 de marzo de 2010

24 de Marzo "Dia Mundial contra los Crimenes de Lesa Humanidad"

A 34 años del Golpe Militar en Argentina, tribunal internacional sobre la infancia declara dia mundial contra los Crimenes de Estado

(Colombia) El Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza de la Mission Diplomatica Internacional Humanitaria RWANDA 1994, a través de su Presidente Internacional, el argentino Sergio Tapia y Fiscal Internacional de Derechos Humanos del tribunal internacional presenta con motivo del 34ª Aniversario del Golpe Militar del 24 de Marzo de 1976 en Argentina, la iniciativa internacional en memoria de los 30.000 desparecidos por la dictadura argentina durante el periodo 1976-1983, declarando “24 de Marzo Dia Internacional contra los Crimenes de Lesa Humanidad”, para recordar en la memoria historica de los pueblos del mundo, el horror y el terrorismo de estado contra los pueblos, como sufrido por el pueblo argentino, y hoy sufrido por otros tantos pueblos en el mundo que los estados persiguen, desaparecen, torturan y fusilan a sus hombres, mujeres, jóvenes y niños, muchos enterrados como NN en cementerios olvidados.

El Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza, tambien es el Tribunal Internacional contra los Crimenes de Lesa Humanidad y el Genocidio, a nivel de tribunal de conciencia que con esta declaracion internacional busca la verdad y la justicia sobre los crímenes de estado que se cometen aun en muchas partes del mundo, donde miles de personas mueren en la sombra del anonimato y el silencio, sin testigos, sin huellas, muchos como NN en fosas comunes, o falsos positivos, como sucede en Colombia, señala el Fiscal argentino Sergio Tapia

Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos. (General Ibérico Saint Jean. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Mayo de 1977) esta es la frase que resume el pensamiento la tactica y la estrategia de los estados que cometen los crímenes del esa humanidad contra sus pueblos, asesinar, masacrar, arrasar y silenciar a las personas

COLOMBIA

La ejecución de Crímenes de Lesa Humanidad en Colombia se ha correspondido con una acción sistemática y planificada para la eliminación de sectores sociales y políticos como manifestación del Terrorismo de Estado, el cual ha tenido como principal garantía para su desarrollo, ejecución y permanencia la impunidad.

La extradición de los jefes paramilitares a Estados Unidos, que se ha convertido en un obstáculo para las investigaciones por graves violaciones a los derechos humanos y para la realización de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación

El aumento de casos de tortura atribuidos directamente a agentes estatales y la persistencia de esta práctica por parte de todos los grupos que participan en el conflicto armado

La práctica de la violencia sexual como arma de guerra, sumado a la extendida práctica de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzada

En la actualidad miles de nombres engrosan las listas de desaparecidos en Colombia. Mientras Naciones Unidas reporta 17 mil, las organizaciones de Derechos Humanos aseguran que son 24 mil los casos y la Fiscalía General de la Nación advierte que la cifra llega a 50 mil (hasta abril de 2009).

Los grupos paramilitares son los responsables del asesinato , de la mutilación de niños y menores en Colombia, hay que preguntarse cuantos niños muertos, masacrados y reclutados esconden los jefes paramilitares detenidos en sus declaraciones…

Cuantos niños colombianos asesinados por los paramilitares habra sembrados en fosas comunes como NN, o cuantos arrojados a los rios de Colombia?

Nosotros sospechamos que el 10 % de las victimas del paramilitarismo son infantes, las organizaciones de la sociedad civil colombiana, hablan de 60.000 victimas de los paramilitares, entonces serian mas de los 2500 niños y menores masacrados que los jefes paramilitares han declarado…? afirma el Fiscal Internacional del tribunal Sergio Tapia

Hoy a 34 años del Golpe de Estado en Argentina, en memoria de los 30.000 desparecidos por el terrorismo de estado de la junta militar, por las victimas actuales del los crímenes de lesa de humanidad por los estados violadores de los Derechos Humanos: Proclamamos el “24 de Marzo Dia Mundial contra los Crimenes de Lesa de Humanidad”, "Si no podemos combatir los Crímenes contra la Humanidad, al menos denunciémoslos para que no se cometan en silencio", sentencia el Fiscal argentino Sergio Tapia


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Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza

Paris - Francia
Tel.: +(33)182-888837 ext. 294

Apartado Aereo 20 19 19
Medellin
Colombia
Tel: +(57)301 691 45 64

Así matamos a monseñor Romero

Submitted by admin on Tuesday, 23 March 2010No Comment
Así matamos a monseñor Romero

El mayor D´Aubuisson fue parte de la conspiración para asesinar a monseñor Romero, aunque el tirador lo puso un hijo del ex presidente Molina, dice el capitán Álvaro Saravia. 30 años después, él y otros de los involucrados reconstruyen aquellos días de tráfico de armas, de cocaína y de secuestros. Caído en desgracia, Saravia ha sido repartidor de pizzas, vendedor de carros usados y lavador de narcodinero. Ahora arde en el infierno que ayudó a prender aquellos días cuando matar “comunistas” era un deporte.

Comienza a leer despacio, en voz alta: “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero, el capitán Álvaro Rafael Saravia se quitó el rango militar, abandonó a su familia y se
 mudó a California”. En la mano sostiene varias páginas con la impresión de una nota periodística publicada hace cinco años. Se reacomoda los lentes -dos grandes vidrios sostenidos por un alambre-. Tiene las uñas rotas y sucias, y los ojos muy abiertos y agitados. Alertas. Vuelve a leer el primer párrafo. “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero, el capitán Álvaro Rafael Saravia…” Hace una pausa y repite ese nombre, que no ha dicho en mucho tiempo: “El capitán Álvaro Rafael Saravia”.

Levanta la cabeza y me mira fijamente.

-Usted escribió esto, ¿verdad?

-Sí.

-Pues está mal.

-¿Por qué?

-Aquí dice “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero”. Y yo no lo maté.

-¿Y quién lo mató?

-Un fulano.

-¿Un extranjero?

-No. Un indio, de los de nosotros. Por ahí anda ese.

-Usted no disparó, pero participó.

-30 años y me voy a morir perseguido por eso. Sí, claro que participé. Por eso estamos hablando.
Presione aqui para leer la entrevista completa en El Faro

Clic aqui para leer tambien “Los Escuadrones de la Muerte”

Amnistía Internacional urge al país revocar la Ley de Amnistía

Submitted by admin on Wednesday, 24 March 2010No Comment
Amnistía Internacional urge al país revocar la Ley de  Amnistía

“Es inaceptable que los responsables por miles de desapariciones, asesinatos y torturas no han tenido que rendir cuentas por sus crímenes”, afirmó Kerrie Howard, directora adjunta del Programa Regional de AI para América.
Por Redacción La Página.

Amnistía Internacional (AI) urgió este día a las autoridades de El Salvador a revocar la ley de amnistía que protege a los responsables de los crímenes de la guerra civil que asoló el país de 1980 a 1992.

Asimismo instó a las fuerzas de seguridad a cooperar con cualquier investigación permitiendo a sus autores un acceso completo a sus archivos, en un comunicado difundido en Londres.

“Es inaceptable que los responsables por miles de desapariciones, asesinatos y torturas no han tenido que rendir cuentas por sus crímenes”, afirmó Kerrie Howard, directora adjunta del Programa Regional de AI para América.

“La ley de amnistía debe ser revocada urgentemente y deben iniciarse investigaciones completas”, agregó.
La Ley de Amnistía de 1993 bloqueó todas las investigaciones sobre masacres y otros crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto bélico, que dejó más de 75 mil muertos, cerca de 7 mil desaparecidos y pérdidas económicas por valor de 1.579 millones de dólares.

Durante el conflicto armado, tanto las fuerzas guerrilleras como el ejército y grupos de ultraderecha cometieron crímenes, como la muerte de los jesuitas, los asesinatos de los alcaldes, la masacre de los marines en la zona rosa, la muerte de intelectuales de derecha, los asesinatis de activistas de derechos humanos, a desaprición de sindicalistas y otros.

A grupos de derecha e izquierda también se les atribuyen secuestros.

Aniversario

Amnistía Internacional recuerda que en noviembre pasado, El Salvador reconoció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) su responsabilidad por la muerte de Monseñor Romero, pero lamenta que “no se han tomado medidas para investigar “.

Mañana se cumplen 30 años de la muerte del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero , asesinado por un francotirador el 24 de marzo de 1980 cuando oficiaba misa en un hospital de enfermos de cáncer.

Una comisión de la Verdad, creada por la ONU para investigar las atrocidades de la guerra civil, culpó como autor intelectual del asesinato al mayor del ejército y líder de derecha Roberto D’Aubuisson, quien murió en 1992.

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Sobre la beatificación de Monseñor Romero

José M.Tojeira

En los tiempos recios de la guerra a Mons. Romero se le acusaba de ser una persona débil de carácter, que había dividido al país y que tenía errores doctrinales. La propia Fuerza Armada publicó un folleto titulado «la Iglesia del pueblo nace en El Salvador», dedicado a exponer ese tipo de acusaciones.

Hoy ya nadie presta atención a esas tonterías. Pero cuando la causa de beatificación del arzo-bispo mártir avanza, aunque sea a paso excesivamente lento, se empieza a decir que la politización de su figura impide el avance del proceso vaticano. Y curiosamente quien más difunde esa idea es el periódico que en su tiempo daba espacio a los ataques más enconados contra Monseñor Romero, al que llamaba sin empacho obispo rojo y todas esas sandeces que solían usar quienes en el pasado justificaban el asesinato de quienes pensaban de modo distinto a ellos.

Sobre los procesos de beatificación en la Iglesia, aprovechando este tiempo «romeriano», es bueno hacer algunas aclaraciones. En primer lugar que cualquier comunidad cristiana tiene derecho a pedir la beatifi-cación de aquellas personas que hayan sido ejemplares y hayan despertado cercanía con el Evangelio de Jesucristo.

Posteriormente el servicio de la autoridad en la Iglesia debe investigar y analizar si la petición procede. Pero independientemente de la ideología que uno tenga, si es cristiano, tiene el pleno derecho a desear y pedir que se ponga en los altares a quien para él sea ejemplar en su radicalidad evangélica. Que gente de izquierda pida beatificaciones no es ni puede ser un obstáculo para beatificar a alguien.

Lo mismo que no lo es que gente de derecha lo pida. Llamar santo a alguien, o decir desde la libre opinión cristiana que alguien es mártir, no es nunca culto público, si no se utiliza dentro de la liturgia formal de la Iglesia. Si podemos decir de alguien, incluso estando vivo, que es un santo varón, cómo no poder decir de Monseñor Romero, o de Monseñor Rivera, que fue un arzobispo santo. Si bien no podemos ni debemos incluir en la liturgia eclesial advocaciones no autorizadas para el culto público, el derecho a opinar sobre la santi-dad o el martirio es un derecho claro de cualquier cristiano.

La santidad, y sobre todo el martirio, tiene siempre su dimensión política, entendida ésta en el sentido amplio de la palabra. Para los cristianos, los santos producen mejoría de la «polis», construyen «ciudad de Dios» en la tierra y hacen más humanos a los hombres y mujeres con quienes se relacionan. El martirio, por su parte, no puede explicarse plenamente sin verlo como una oposición claramente política, en su sentido amplio de nuevo, a la idolatría del poder.

La palabra mártir en su sentido actual en el cristianismo, nace a partir de quienes derramaron su sangre por negarse a reconocer a los emperadores romanos como señores de la historia. Bastaba con decir ante la estatua del emperador la simple y corta frase que reza: «el César es el Señor», para que el cristiano quedara libre de la muerte. Esta dimensión política del martirio no la puede olvidar la Iglesia. Porque es real, en primer lugar, y porque de olvidarla correría el peligro de justificar a quienes hoy siguen todavía idolatrizando el poder o algunas dimensiones del mismo.

Monseñor Romero fue enormemente crítico y firme ante la idolatría del poder (y por supuesto ante la del dinero), y en buena parte lo mataron por ello. Jamás justificó la violencia de nadie, como mecanismo de acceso y/o permanencia en el poder, y en ese sentido contrastaba con el medio ambiente político de su época, que confiaba excesivamente en los mecanismos violentos a la hora de hacer política. En ese sentido hay que reconocer que la dimensión política del martirio de Mons. Romero es muy clara y evidente. Nuestro arzobispo mártir propiciaba una política del bien común arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia, pacifista y partidaria de enfrentar desde la conversión y el diálogo las injusticias estructurales y las violaciones sistemáticas de Derechos Humanos.

La continuación de este modo pastoral de actuar, por parte de Monseñor Rivera y Monseñor Gregorio Rosa, les valió también, a lo largo de la guerra civil, una infinidad de insultos, califica-ciones políticas, amenazas e incluso una petición tan absurda como subnormal, hecha al Papa por el Fiscal General de la República, solicitando que a ambos obispos se les sacara de El Salvador. La figura de Mons. Romero ha ido cobrando cada vez más luz y fuerza con el paso de los años.

No sólo ilumina nuevas dimensiones que deben estar presentes en la figura del obispo en la Iglesia Católica, sino que se ha vuelto ampliamente ecuménica. La confesión anglicana, tan cercana a la católica, lo considera un mártir del siglo XX. Y algo parecido piensan luteranos, bautistas y otras confesiones de larga tradición y raíz cristiana. En la Iglesia Católica Juan Pablo II insistió en que el obispo, en medio de la crisis mundial caracterizada por «una guerra de los poderosos contra los débiles», tuviera unas actitudes y características muy similares a las que tuvo nuestro santo arzobispo.

En realidad recuperó en el texto que citamos, la dimensión política amplia que tantos buenos obispos han tenido en América Latina. Y la dimensión política del martirio si se les asesina por ser voz de los pobres. En efecto, el Papa insiste en que ante los retos de nuestro mundo actual el obispo debe estar «afianzado en el radicalismo evangélico», está llamado a una enorme libertad para predicar la Palabra («parresía»), se le pide ser «profeta de justicia», «es defensor y padre de los pobres, se preocupa por la justicia y por los Derechos Humanos», recuerda que «si no hay esperanza para los pobres no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos».

Y finalmente, para que el parecido sea mayor con Mons. Romero, «asume la defensa de los débiles haciéndose la voz de quienes no tienen voz para hacer valer sus derechos». Si Monseñor Romero no se merece la beatificación como mártir después de estas palabras de Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Pastores Gregis, será difícil encontrar en el futuro a un obispo que pueda ser beatificado como mártir.

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Comunidad Romero tendrá actos religiosos en Cripta

Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino

La Comunidad Monseñor Romero de la Cripta de Catedral Metropolitana, desarrollará una serie de actividades culturales y religiosas el próximo 24 de marzo, en la conmemoración del martirio y asesinato del arzobispo.

La comunidad tiene previsto inicien las actividades desde las 8 de la mañana, con el saludo a Romero, en la cripta, donde se cantará el “corrido” preparado para el día.

Además, se tienen programados varios puntos artísticos y testimonios de gente que estuvo cercana a Romero, que conoció la historia y que ha trabajado bajo su guía en los últimos 20 años.

También se desarrollará la ponencia: “Las transformaciones necesarias en el país a la luz del pensamiento de Romero” ,a cargo de Fray Oscar Granados y el oficio de la misa a las 5:p.m.

Reina de Rivas, de las fundadoras de la comunidad, explicó que en el marco del martirio están promoviendo las actividades, para que los feligreses y los salvadoreños pueden ser parte de la “resurrección de nuestro mártir y pastor”.

“Para nosotros el día grande es el 24 de marzo, que es el propio día del martirio y estamos invitando a todos a participar. Monseñor logró que el evangelio viva” explicó de Rivas.

Mientras que Magaly Urrutia, también de las fundadoras, aseguró que la comunidad, todos los domingos, a través de la homilías trata de mantener viva la palabra del arzobispo mártir y por eso existe la motivación de organizar una agenda especial para el 24 de marzo.

“Estamos recordando a Monse-ñor Romero, renovando su espíritu a través de la liturgia que cada domingo preparamos. Entonces queremos decir que su presencia está en el pueblo, está en nosotros todo el año”, aseguró Urrutia.

Dentro de las actividades, se tiene programado que exista un espacio para brindar testimonios de algunas delegaciones internacionales, con lo que se confirma que Romero trascendió, ya no es sólo de El Salvador, sino del mundo.

Para el cierre de las actividades de ese día se desarrollará la eucaristía presidida por Mon-señor Samuel Ruiz, obispo emérito de las Casas de San Cristóbal, Chiapas, de México.

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MONSEÑOR ROMERO, OSCAR NUESTRO HERMANO, ARNULFO PROFETA!!!.

Submitted by admin on Tuesday, 23 March 2010No Comment
MONSEÑOR ROMERO, OSCAR  NUESTRO HERMANO, ARNULFO  PROFETA!!!.

Enredados en su sed, pululan los criminales
entre torturas, cuchillos o disparos, matan
envolviendo su hedor en su conciencia…
sanguinolenta conciencia.
Por Mariposa

Nuestro monseñor Romero
a poco mas de 30 años de tu crimen
todo o casi todo sigue igual
y tu palabra cada vez se vuelve vigente.

Asesinaron a Moisés, a Hector, a Juana,
a Francisco, a Paco, a fulana y a zutana
mientras tu grito de justicia
cubre lo largo y ancho del país.

Monseñor que pena decirte que
el crimen y la impunidad
siguen haciendo de las suyas en el
silencio sepulcral de la injusta justicia
como en aquellos años.

Tu palabra está despierta hermano Romero
tus homilías como campanadas en cada conciencia
vienen de mas de 30 años
Arnulfo profeta, pastor de los pobres.

Es una pena decirte que aún perduran las mafias de cuello blanco,allí siguen los trinquetes de los padres de la justicia, el poder legislativo nadando en la nada,
flotantes en aguas turbias algo así como si y no.

A mas de 30 años, nuestro querido pastor
se agiganta tu grito y se vuelve consigna, necesidad…
es tu voz un dedo en la llaga…braza encendida
chocando en el infernal y maquiavélico mundo
del poder económico, político y escuadronero.

Que pena monseñor, es como si nada pasó
matan y matan los asesinos y todo queda impune
cacarean y cacarean hablando de esto y lo otro
los dueños de la vida y la muerte en tu querido El Salvador
y el silencio y la infamia es la respuesta…
Es como si nada pasó.

La muerte sigue sorprendiéndonos
nos sume en la nada, nos atrapa
se burla de todo, nos hace musarañas
y la injusticia de la justicia obliga a callar;
terror, sometimiento, impunidad, crimen organizado!.

Ha! nuestro monseñor que pena escribirte quejas mas quejas
pero es que nos aqueja el silencio del poder
y para mí, quejarme ante vos es lo mas valioso
porque mi queja al amparo de tu voz
llegará hasta lo mas elevado del planeta.

Miles y miles han peregrinado en tus 30 años
después del martirio buscando tu luz…
siguiendo tus huellas…haciendo eco a tu palabra
traduciendo la misma aún en medio de la incertidumbre
del significado “vivir” en El Salvador.

Nuestro monseñor Romero
a poco mas de 30 años de tu crimen
todo o casi todo sigue igual
y tu palabra cada vez se vuelve vigente…necesaria
sabia…guía…Monseñor Romero, Oscar hermano.

(Por Mariposa).

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Fonoteca Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes  Saavedra




Para escuchar los fragmentos es necesario que su ordenador disponga del programa Windows Media Player. Si no lo tuviera instalado puede descargarlo gratis en su ordenador desde aquí. Get Windows Media Player

Homilía de Monseñor Romero. 20 de enero de 1979


Entrevista telefónica entre Monseñor Romero (Roma) y Monseñor Urioste (San Salvador). 5 de febrero de 1980


Rueda de prensa ofrecida a los medios de comunicación. 10 de febrero 1980


Conclusión de la carta enviada al presidente Carter. 17 de febrero de 1980


Última homilía de Monseñor Romero. 23 de marzo de 1980

GRITEN!

!!Arriba, Periódicos El Mundo y El País, prensa vendepatria en todo el mundo.
Arriba, Reporteros sin Fronteras, Amnistía internacional!!
Arriba OEA; ONU, Hilary Clinton, Moratinos, Barak Obama!!
¡¡ARRIBA el carajo y la vela!!

¡¡¡GRITEN A LOS CUATRO VIENTOS QUE EN HONDURAS SE ASESINA IMPUNEMENTE A UN MAESTRO DELANTE DE SUS COMPAÑEROS, DE SUS ALUMNOS!!!

JUSTO EL DIA ANTES DE AQUÉL EN QUE SE CONMEMORA EL ASESINATO DE MONSEÑOR ARNULFO ROMERO, EL DIA QUE SE SE RECUERDA A LOS DESAPARECIDOS EN ARGENTINA...

Asesinan al Profesor de Ciencias Sociales José Manuel Flores, miembro activo de la Resistencia Nacional Contra el Golpe de Estado!!!

Tegucigalpa, Honduras, 23 de marzo de 2010. A las tres de la tarde fu avistado una persona desconocida frente a las instalaciones del Instituto Oficial de Secundaria, San José del Pedregal, esta inusual presencia de un desconocido provocó inquietud entre los alumnos y profesores, más de treinta profesores (as) integran el staff del personal docente que cubre las obligaciones pedagógicas en el centro educativo.
Entre los docentes se encontraba el Profesor en Ciencias Sociales José Manuel Flores, quien cubría su rol de maestro consejero; testigos en el lugar de los hechos vieron dos vehículos pick up, aproximarse por la parte trasera de las instalaciones de la Institución, uno color Verde y otro color blanco; por su apariencia modelos 2009.

El Profesor Manuel, como le llaman sus amigos y amigas, se encontraba en la parte de atrás de las instalaciones, haciendo su labor de supervisión con los alumnos (as), ahí se encontró con los asesinos, estos habían pasado el cerco perimetral y dispararon su armas de fuego a mansalva, el profesor Manuel se encontraba en una terraza y se fue al vacío, desde arriba los asesinos volvieron a disparar, en la huida a uno de ellos se le enredo el gorro pasamontañas en la serpentina que sirve de seguridad perimetral, ya ellos había abierto un boquete esperando a su victima. El Profesor murió en el acto.

De esta manera asesinan otro miembro más de la Resistencia Contra el Golpe de Estado, el Profesor Manuel era miembro del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), escritor de artículos algunos ellos publicados en el diario la Tribuna y otros en el periódico digital el SOCA de tendencia socialista.

Este es el primer caso de un profesor que es asesinado en el interior de las instalaciones educativas, frente a sus compañeros (as) y alumnos.

Quienes ordenaron y planificaron este crimen tienen claro su propósito estratégico, inundar de miedo el movimiento pacifista de la resistencia, asesinar a lideres prominentes de este movimiento, cometer estos crímenes sin comprometer a sus miembros de los cuerpos de seguridad del Estado; para tal acto trabajan en la transnacionalización del crimen contratando sicarios de otros países que han llegado a Honduras para hacer venganza, vengarse de aquellos que en su afán de justicia frente a la agresión criminal consecuencia del golpe de Estado, quebraron vidrios, pintaron paredes, lanzaron una botella con gas, caricaturizaron religiosos, defensores de derechos humanos y periodistas, pusieron apodos a los agresores.

COMITÉ PARA LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS EN HONDURAS
Enviado por copinh honduras-


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"El silencio de las víctimas es victoria para los agresores" (Mariposa.)
Investigación, juicio y castigo para los asesinos del matrimonio Manzanares-Monjarás!.

Este viernes a partir de las 2 de la tarde todas y todos al Parque de Zapatos en la Plaza Cívica!!!.

INVITACIÓN!!! todas y todos vamos este viernes 26 de marzo a la Plaza Cívica de San Salvador a partir de las 2 de la tarde!!!, conmemoremos los 30 anios del martirio de nuestro profeta Romero y llevemos zapatos viejos para tirar en el parque en recordatorio de aquella masacre contra el pueblo cristiano durante el entierro de nuestro pastor mártir.

Podremos escuchar al popular y querido pastor WILLIAM CHAMAGUA!!!.

Este viernes a partir de las 2 de la tarde todas y todos al Parque de Zapatos en la Plaza Cívica!!!. Participarán poetas comprometidos entre ellos Nora Méndez, cantautores y grupos musicales.

martes, 23 de marzo de 2010

30 aniversario Mons. Romero


lunes, 22 de marzo de 2010

COLECTIVO INTERNACIONAL LOS PUEBLOS DE AMERICA ORIGINARIA

Un mensaje a todos los miembros de COLECTIVO INTERNACIONAL LOS PUEBLOS DE AMERICA ORIGINARIA

El miércoles 24 de
marzo se realizarán homenajes a los 30 mil detenidos desaparecidos en
todo el país. El acto central, convocado por Encuentro Memoria Verdad y
Justicia, comienza su marcha a las 15 hs. de Congreso a Plaza de Mayo.
No podemos olvidar sin memoria no hay futuro.
Los pueblos originarios marcharemos junto a las madres y hijos.
Por que somos la memoria de la matanza y el desalojo de miles de mujeres hombres y niños de sus tierras.
Los pueblos originarios fuimos parte de la lucha por nuestros derechos y hoy continuamos la lucha junto a los miles de hermanos que sufren el despojo por los gobiernos provinciales y nacional de sus derechos.
Por nuestro muertos y desaparecidos de los pueblos originarios campesinos y obreros.

El CIPAO ES PARTE DE ESTA JORNADA DE LUCHA.


Visitar COLECTIVO INTERNACIONAL LOS PUEBLOS DE AMERICA ORIGINARIA en: http://americaaborigen.ning.com/?xg_source=msg_mes_network

MONSEÑOR ROMERO, OSCAR NUESTRO HERMANO, ARNULFO PROFETA!!!. !!!. (Por Mariposa).-


Enredados en su sed, pululan los criminales
entre torturas, cuchillos o disparos, matan
envolviendo su hedor en su conciencia...
sanguinolenta conciencia.

Nuestro monseñor Romero
a poco mas de 30 años de tu crimen
todo o casi todo sigue igual
y tu palabra cada vez se vuelve vigente.
Asesinaron a Moisés, a Hector, a Juana,
a Francisco, a Paco, a fulana y a zutana
mientras tu grito de justicia
cubre lo largo y ancho del país.
Monseñor que pena decirte que
el crimen y la impunidad
siguen haciendo de las suyas en el
silencio sepulcral de la injusta justicia
como en aquellos años.
Tu palabra está despierta hermano Romero
tus homilías como campanadas en cada conciencia
vienen de mas de 30 años
Arnulfo profeta, pastor de los pobres.
Es una pena decirte que aún perduran las mafias de cuello blanco,allí siguen los trinquetes de los padres de la justicia, el poder legislativo nadando en la nada,
flotantes en aguas turbias algo así como si y no.

A mas de 30 años, nuestro querido pastor
se agiganta tu grito y se vuelve consigna, necesidad...
es tu voz un dedo en la llaga...braza encendida
chocando en el infernal y maquiavélico mundo
del poder económico, político y escuadronero.

Que pena monseñor, es como si nada pasó
matan y matan los asesinos y todo queda impune
cacarean y cacarean hablando de esto y lo otro
los dueños de la vida y la muerte en tu querido El Salvador
y el silencio y la infamia es la respuesta...
Es como si nada pasó.

La muerte sigue sorprendiéndonos
nos sume en la nada, nos atrapa
se burla de todo, nos hace musarañas
y la injusticia de la justicia obliga a callar;
terror, sometimiento, impunidad, crimen organizado!.

Ha! nuestro monseñor que pena escribirte quejas mas quejas
pero es que nos aqueja el silencio del poder
y para mí, quejarme ante vos es lo mas valioso
porque mi queja al amparo de tu voz
llegará hasta lo mas elevado del planeta.
Miles y miles han peregrinado en tus 30 años
después del martirio buscando tu luz...
siguiendo tus huellas...haciendo eco a tu palabra
traduciendo la misma aún en medio de la incertidumbre
del significado "vivir" en El Salvador.
Nuestro monseñor Romero
a poco mas de 30 años de tu crimen
todo o casi todo sigue igual
y tu palabra cada vez se vuelve vigente...necesaria
sabia...guía...Monseñor Romero, Oscar hermano.
(Por Mariposa).
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"El silencio de las víctimas es victoria para los agresores"
Investigación, juicio y castigo para los asesinos del
matrimonio Manzanares-Monjarás!.
Mariposa.

CARTA DE UN GUERRILLERO COLOMBIANO EN PRISION:


por ABP- Diomedez Carvajalino- Guerrillero Colombiano en prisión
ABP/22/03/2010

En pasados dias denunciamos en la ABP la penosa situación en la que se encuentra Diomedez Meneses, un guerrillero colombiano al que el ejército colombiano le disparó en el abdomen fuera de combate, le lanzó una granada, le arrancó una a una las uñas de los pies, le sacó un ojo con un puñal y luego le degolló. Trás realizarle la necropcia y descubrirle vivo le trataron de asesinar para finalmente procesarlo por rebelión y recluirlo en una cárcel colombiana en la que por negligencia del sistema penitienciario Diomedez está apunto de perder un pie infectado con gangrena. A continuación una carta de Diómedez y un llamado a la Comunidad internacional para seguir trabajando por al canje humanitario de prisioneros de guerra.
Compatriotas, ante todo mi saludo bolivariano a ustedes y sus lectores. De alguna manera los presos de diversas celdas, hemos tenido acceso a algunas noticias relacionadas con la liberación unilateral de Clara Rojas y Consuelo González decidida por nuestra organización.

Hemos percibido el despliegue noticioso, sobre todo el que hacen los medios de la oligarquía colombiana. Mi estancia en la cárcel no tiene mucho tiempo y por eso he conocido también la manera diferente, sin sesgo, como la de los medios venezolanos y la ABP se refieren al tema del conflicto colombiano y especialmente al respecto del intercambio humanitario: tengo el contraste en mi mente (aclarando que la derecha venezolana a través de sus medios maneja los mismos argumentos que la derecha colombiana). Quería hacer algunas consideraciones y preguntas que podrían ayudar a dar un manejo más justo de la comunicación, sobre todo en el lenguaje de los medios más sensatos.

Nosotros también estamos prisioneros; muchos hemos llegado aquí luego de capturas que violan los procedimientos judiciales del mismo Estado burgués (se podría decir que fuimos secuestrados ¿o no?) Una cantidad enorme, para mí indefinible, de presos en las cárceles de Colombia son víctimas de la mal llamada seguridad democrática, gente que fue capturada en las tristemente celebres redadas masivas y que hoy padecen el peso del venal y corrompido sistema penal acusatorio.

Muchos dirigentes populares ahora son acusados de ser guerrilleros y terroristas. ¿Quién puede hablar por los prisioneros, o secuestrados que tiene en sus cárceles pestilentes, hacinadas, y represivas el Estado colombiano?

¿Por qué los que están en las manos de las FARC son llamados “secuestrados” y no prisioneros? ¿Y nosotros que somos, entonces? Muchos de nosotros estamos secuestrados bajo montajes judiciales…

¿Por qué nosotros somos tildados de “terroristas” y se nos quita el carácter político y solo se nos deja en algunos casos la opción de salir si acudimos a la abominable traición, a la delación…a esa farsa que llaman reinserción…o al destierro en un remoto país de ultramar?

Nosotros debemos soportar que nuestras familias no puedan reivindicarnos, levantar sus voces por nuestra libertad (debido a que el Terror Estatal, y el silencio mediático recae sobre ellas); en cambio los familiares de quienes están en manos de nuestra organización sí lo pueden hacer.

Entonces, quienes piden gestos de paz a la guerrilla, deberían levantar la voz por nuestra liberación tan en alto como se levanta a favor de aquellos que están presos en las montañas.

¿Qué diferencia hay entre ellos y nosotros?

·¿Qué diferencia hay entre Mendieta y demás militares presos en la selva con nosotros que estamos sin el aire de la montaña?

·¿Qué diferencia hay entre la respetable Ingrid y nuestra querida guerrillera Sonia o una de nuestras dirigentes del partido privadas de la libertad?

No me alargo más; se que esencialmente la diferencia que marca el carácter de unos y otros prisioneros es su carácter de clase. Sé que la oligarquía y su ejército, apoyados por el imperio están de un lado y nosotros con nuestro sueño bolivariano estamos en el lado opuesto.

Pero quienes pretendan neutralidad o no tomar partido…o simplemente informar con equilibrio o algo mucho mejor…aportarle a la paz, que hablen con equilibrio y convicción de la existencia de una guerra, de la perversidad del terrorismo de Estado que ha obligado a la resistencia armada…de la necesidad que también nosotros salgamos de las cárceles y los nuestros que han sido extraditados de manera infame regresen.

Abramos caminos de paz con sensatez, con sensatez.

LOS AXDSESINOS DE MONSENOR. VYA AL FARO.NET PARA MAS INFO.

Así matamos a monseñor Romero

El mayor D´Aubuisson fue parte de la conspiración para asesinar a monseñor Romero, aunque el tirador lo puso un hijo del ex presidente Molina, dice el capitán Álvaro Saravia. 30 años después, él y otros de los involucrados reconstruyen aquellos días de tráfico de armas, de cocaína y de secuestros. Caído en desgracia, Saravia ha sido repartidor de pizzas, vendedor de carros usados y lavador de narcodinero. Ahora arde en el infierno que ayudó a prender aquellos días cuando matar "comunistas" era un deporte.

Carlos Dada

Publicado el 22 de Marzo de 2010
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Comienza a leer despacio, en voz alta: “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero, el capitán Álvaro Rafael Saravia se quitó el rango militar, abandonó a su familia y se
 mudó a California”. En la mano sostiene varias páginas con la impresión de una nota periodística publicada hace cinco años. Se reacomoda los lentes -dos grandes vidrios sostenidos por un alambre-. Tiene las uñas rotas y sucias, y los ojos muy abiertos y agitados. Alertas. Vuelve a leer el primer párrafo. “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero, el capitán Álvaro Rafael Saravia…” Hace una pausa y repite ese nombre, que no ha dicho en mucho tiempo: “El capitán Álvaro Rafael Saravia”.

Levanta la cabeza y me mira fijamente.

-Usted escribió esto, ¿verdad?

-Sí.

-Pues está mal.

-¿Por qué?

-Aquí dice “Algunos años después de asesinar a monseñor Romero”. Y yo no lo maté.

-¿Y quién lo mató?

-Un fulano.

-¿Un extranjero?

-No. Un indio, de los de nosotros. Por ahí anda ese.

-Usted no disparó, pero participó.

-30 años y me voy a morir perseguido por eso. Sí, claro que participé. Por eso estamos hablando.

Tiene las manos gastadas por la miseria y el trabajo del campo. Unas manos que nada tienen que ver con las de aquel piloto de la Fuerza Aérea convertido en lugarteniente del líder anticomunista salvadoreño Roberto d´Aubuisson, y después en repartidor de pizzas, lavador de dinero para la mafia colombiana y finalmente en vendedor de autos usados en California. Ahora ya no es nada de eso. Perdió un juicio al que no asistió, en el que fue encontrado culpable del asesinato de monseñor Romero.

-Cuénteme cómo fue.

-Se lo voy a contar todo, pero despacio. Esto es largo.

***

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En 1979, Saravia, un indisciplinado capitán de aviación, querido por todos sus compañeros pero demasiado inclinado por el alcohol y las reyertas, terminó convencido por el mayor Roberto d´Aubuisson de trabajar con él en la formación de un frente anticomunista. Lo co nvenció en las visitas que D´Aubuisson, un mayor del ejército experto en inteligencia contrainsurgente, hacía a los cuarteles de la Guardia Nacional para reclutar a los oficiales para su lucha.

El mayor D´Aubuisson fundó un par de años más tarde el partido Arena y se convirtió en el máximo líder de la derecha política salvadoreña. Fue también el presidente de la Asamblea Constituyente de 1985 y prominente miembro de la Liga Anticomunista Mundial.

El capitán Saravia aún recuerda cómo, sentados en la arena de una playa salvadoreña y con una botella de ron entre ambos, D´Aubuisson lo terminó incorporando a su movimiento. Se perdió 15 días con él, se fueron a Guatemala, y le pusieron sueldo, un carro y lo demás que necesitara para cumplir el encargo del mayor: “Me vas a llevar unas cosas a mí, particulares”.

D´Aubuisson murió en 1992 de cáncer en la lengua, tras haber llevado a su partido a la presidencia de El Salvador y poco después de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a la guerra civil. Para entonces, el capitán Saravia ya vivía en Estados Unidos, se había librado de un juicio en El Salvador por el asesinato de monseñor Romero y de otro en Estados Unidos por lavado de dinero. Se mudó a Modesto, una pequeña ciudad en el centro de California, y ahí vendió carros usados hasta 2004.

En octubre de ese año comenzó a huir de sí mismo, cuando el Centro para la Justicia y la Rendición de Cuentas (CJA), una organización no gubernamental con sede en San Francisco, California, le metió un juicio civil que lo encontró culpable del asesinato de monseñor Romero y lo condenó a pagar 10 millones de dólares a los familiares. Saravia desapareció poco antes del juicio y ahora vive oculto. Ha vuelto a un país en el que se habla español.

De él me dijo alguna vez un viejo arenero con fama de duro: “Saravia estaba loco. Te veía con un dolor de muelas y te preguntaba qué te pasó. Le decías que un dentista te jodió y al siguiente día el dentista estaba muerto”.

El capitán Álvaro Rafael Saravia fue un activo miembro de un grupo señalado como responsable de asesinatos y torturas, un escuadrón de la muerte. “Un sicópata”, lo llama Ricardo Valdivieso, uno de los fundadores de Arena.

El Archivo Nacional de Seguridad de Estados Unidos consigna información de la embajada de ese país en San Salvador, notificando a Washington el secuestro y asesinato de Carlos Humberto Guerra Campos en 1985. Su familia pago el rescate, pero él nunca apareció. Según la embajada estadounidense, los secuestradores fueron el Capitán Álvaro Saravia y “Tito” Regalado, el hombre que posteriormente sería jefe de seguridad de la Asamblea cuando D’aubuisson asumió la presidencia del Órgano Legislativo.

Saravia vivió rodeado de secuestradores y asesinos, pero niega su participación en este u otro asesinato. “Yo no dirigí nunca una operación para ir a matar a nadie. Se lo digo francamente”. Se le olvida que estamos sentados aquí precisamente porque participó en el asesinato más trascendente de la historia de El Salvador.

No niega la participación de su jefe, el mayor Roberto d’Aubuisson, en operativos clandestinos para matar a seres humanos, pero alega que esto lo hacía mediante contactos en otros cuerpos de seguridad.

En su agenda, que le fue capturada en la finca San Luis pocos días después del asesinato de monseñor Romero, están consignadas varias listas de armas y el teléfono de un hombre llamado Andy. Andy del Caribe. Un traficante de armas estadounidense que traía desde su país, por tierra, camionetas llenas de armamento que disfrazaba bajo revistas Playboy que regalaba gustosamente a los agentes de aduanas en todas las fronteras. Esas armas, dice Saravia, eran para su uso personal y para armar a los miembros del Frente Amplio Nacional, el FAN, que lideraba D’Aubuisson antes de fundar ARENA.

De su rompimiento con el mayor al que servía hay dos versiones. Una es la suya, según la cual se cansó de esa vida agitada y no sentía ya la confianza de D’Aubuisson, por lo que partió a Estados Unidos. Otra es de Ricardo Valdivieso, ex compañero de fórmula de D’Aubuisson en las elecciones de 1984, fundador de Arena y ahora director del Instituto Roberto d’Aubuisson: un día, durante las largas temporadas que pasaban en Guatemala conspirando, les llamaron de una cantina en Izabal para decirles que el capitán Álvaro Rafael Saravia estaba peleándose con varios hombres. Cuando lo fueron a traer, Saravia golpeó también a D’Aubuisson, y ahí acabó la relación.

Del asesinato de monseñor Romero, Saravia alega que él no participó en la planificación, y pretende probarlo asegurando que el día del crimen él no llevaba más armas que las dos que portaba siempre. “Si usted mata es porque va a tener… anda con un machete aunque sea en la mano, un cuchillo, una gillette, un tenedor, cualquier cosa, lo que le vaya a meter, un lapicero, pero usted no me viene a mí a decir fijate que necesito un carro… “.

No hay órdenes de captura en contra del capitán Saravia, salvo en Estados Unidos, donde lo buscan para deportación. Pero no importa porque no está ahí. Hace algunos años habló con el periódico estadounidense The Miami Herald para adelantar que había pedido perdón a la Iglesia y que contaría todo en un libro. No dijo que donde vive ni siquiera hay papel y que el vecino más cercano que sabe leer y escribir vive a 20 minutos de su casa. A falta de libro, quiere contar todo en una entrevista.

Nos citamos la primera vez en un pequeño hotel, de un pequeño pueblo, al que llegó después de cinco horas en las que combinó la caminata a campo traviesa, el aventón en pick ups y dos buses. Yo lo recordaba como aquel hombre gordo, con relieves en la papada, el bigote y el cabello rubio que aparece en el cartel de “Se Busca” que publicó el Departamento de Migración y Aduanas de Estados Unidos en 2004, “por sospechas de violaciones de derechos humanos”. Esa foto, en la que el cuello y el torso se confunden adentro de una camisa hawaiana, adornó mi refrigerador durante más de un año, mientras lo buscaba en California. Así esperaba encontrar a uno de los asesinos de monseñor Romero. Gordo, bronceado y con una camisa hawaiana. Me topo en cambio con un anciano demacrado, flaco, con la piel marchita y lacerada; el rostro oculto detrás de una barba canosa y silvestre, y con un profundo olor a rancio. Qué pequeño se ve.

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-¿Y por qué quiere hablar ahora?

-Por mis hijos. Es que hasta ellos me ven como Hitler.

Por primera vez desde que empezamos a conversar, Saravia agacha la cabeza. Aprieta la boca. Está solo en esta mesa en la que también estoy yo. Y soy yo quien rompe el silencio.

-¿Hace cuánto no habla con ellos?

-¡Uffff! ¡Ufff! ¡10 años! Me recuerdo de ellos todos los días. Aunque hasta miedo tengo de hablarles yo.

Durante las siguientes jornadas el capitán Saravia confesará también otros motivos para hablar: de todos los involucrados, es el único juzgado y el único que vive escondido. Amado Garay, el chofer, también vive oculto, pero en condición de testigo protegido de Estados Unidos. Pero es preciso subrayar algo: la primera condición para vivir escondido es estar vivo. Otras cinco personas involucradas en este crimen, o en su ocultamiento, no pudieron esconderse. Una murió decapitada, otra se suicidó, otra desapareció, a otra la mataron en un retén en la carretera. Otra terminó en pedacitos. En Guatemala. Eso dicen. Pero de esta última no hay nombre ni certificado de defunción.

Es cierto, Saravia es el único que vive escondido. Ha intentado, en reiteradas ocasiones, comunicarse con algunos de sus antiguos compañeros de lucha, pero nadie le ha respondido. “30 años han pasado y sigue la misma mierda. Ya no tengo nada que ocultar. ¿Para qué? Ya más hecho mierda de lo que estoy, cómo voy a estar. ¡Nada! A mí se me hace que hay una conspiración de que no quieren saber quién putas mató a Romero”.

Él mismo ha sido parte de esa conspiración, pero ahora está solo. Su único amigo es un hombre que tiene un viejo pick up y una pequeña propiedad rural. Ahí hay una cabañita de madera, parecida a la del Unabomber, compuesta por cuatro paredes con una ventana que protegen un piso de tierra y nada más. Ahí vivió Saravia más de un año, hasta que se metieron los ladrones y le robaron un cincho y una camiseta y un machete, que era lo único que tenía.

La segunda vez que nos vemos, en el mismo hotel, baja de su cuarto 15 minutos después de la hora convenida. Viene pálido.

-¿Qué le pasa, capitán?

-Acabo de verme en el espejo. Tenía cinco meses de no verme en un espejo.

***

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Ahora comienza a hablar. Me deja sacar una grabadora y dice: “Dele, Carlitos, que esto se va a poner bueno”. Quiere mencionar nombres. Solo hace una solicitud: “Que los capturen. ¡Que les peguen una apretada de huevos como hacían antes, a ver si no cantan!”

El juicio en su contra se basó principalmente en dos elementos: uno, el testimonio de Amado Garay, el chofer que condujo al asesino hasta la iglesia en la que monseñor Romero daba misa el 24 de marzo de 1980; y dos, la agenda que el ejército le capturó en marzo de ese mismo año, en la que se consignaba un operativo llamado Operación Piña cuyas características coinciden con las del asesinato. “No he visto esa agenda desde que me la quitaron”, admite Saravia. “Yo no podía andar en la cabeza todas mis cosas, así que las anotaba en una agendita, era natural que las anotara. Ahí estaba la Operación Piña, que la habíamos llevado desde hace tiempo, que recogíamos unas granadas en la frontera con Guatemala”.

Le enseño una fotocopia de su agenda y el capitán recibe un golpe del pasado. La observa detenidamente. La Operación Piña incluye un tirador. Extraño porque no se necesita un tirador para ir a recoger granadas a la frontera. “Sí, eso es cierto”, admite. Sigue observando esa paginita, con el título Operación Piña y, de pronto, el capitán Álvaro Rafael Saravia tiene una epifanía. “Esa no es mi letra. Esa es la letra de Roberto”.

La letra, efectivamente, es distinta a la que aparece en las demás páginas de la agenda. ¿Por qué habría consignado Roberto d'Aubuisson la Operación Piña en la agenda de su lugarteniente? Saravia no lo sabe, pero hay alguien que sí.

En 1980 el coronel Adolfo Arnoldo Majano era miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno y uno de los últimos militares que aún creían en una salida negociada al conflicto. Fue él quien ordenó la captura de D´Aubuisson y sus seguidores en la finca San Luis, de Santa Tecla, y quien primero tuvo acceso a la agenda Saravia y a su contenido.

“La Operación Piña coincide con los datos de lo que pasó”, dice Majano, “pero no estaba en la agenda de Saravia. Eso es un papel capturado a D´Aubuisson. El oficial del Estado Mayor que me ayudó a sacar las fotocopias lo juntó con las páginas de la agenda para que no se perdiera”.

La Operación Piña aparece escrita en un papel en blanco, sin impresiones de la agenda, y con un sello al borde de la página que corresponde a Mariscos Tazumal, una empresa pesquera fundada por D´Aubuisson y Fernando “El Negro” Sagrera.

Fue D´Aubuisson, y no Saravia, el autor de esa lista que, de acuerdo con la Comisión de la Verdad y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, corresponde al homicidio de monseñor Romero. Esta es la lista:

Operación Piña

1. Starlight

1. 257 Robert*s

4. Automáticos

Granadas

______________

1. Motorista

1. Tirador

4. Seguridad

El Starlight es una mira telescópica para rifles de precisión, necesarios para una operación de este tipo. De la calle al altar de la Iglesia de la Divina Providencia hay unos 35 metros, y el tirador necesitaba una mira telescópica.

El 257 Roberts es un rifle calibre 25 fabricado por la casa Remington, muy utilizado para tiro de precisión con mira telescópica. Es dudoso que haya sido el rifle con el que fue asesinado monseñor Romero. La autopsia revela que recibió un proyectil calibre 22 en el corazón. Pero el tirador no salió del equipo de D´Aubuisson, sino del otro conspirador: Mario Molina, hijo del ex presidente Arturo Armando Molina. Mario Molina aportó el asesino, el arma y el equipo de seguridad.

Los cuatro automáticos y granadas estaban en la lista como parte del armamento de los cuatro elementos de seguridad que acompañarían el operativo.

El motorista salió del equipo de D´Aubuisson, bajo la supervisión de Saravia. Amado Garay, un ex soldado oriundo de Quezaltepeque, condujo al asesino frente a la puerta de la iglesia y después lo llevó a un lugar seguro. Garay -hasta hoy el único de los participantes en la operación que había dado su testimonio- vive en Estados Unidos bajo el programa de protección de testigos.

El tirador es salvadoreño, ex guardia nacional y era miembro del equipo de seguridad de Mario Molina. El 24 de marzo, de un disparo certero, acabó con la vida del arzobispo de San Salvador.

Saravia solicita que los capturen. Hace una segunda solicitud al día siguiente. Me pide que lo lleve a la ciudad más cercana que tenga un Burger King. Cuando vivía en Modesto, California, cerraba la venta de autos y camino de su casa pasaba todos los días comprando una Whopper doble. Esta vez, aquí, me pide un favor especial:

-¿Me podría comprar dos?

-Tiene usted hambre, capitán.

-La otra es para mañana. Me la quiero llevar a la montaña.

-Pero de aquí a mañana se le va a podrir.

-Si yo todo lo que como está podrido, no se preocupe.

***

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Saravia en su domicilio actual.

Para encontrar a Saravia hay que bajar al infierno. Hace varios kilómetros que se terminó el mundo y en este paraje solo habitan gentes con deseos de despedazarse a machetazos y emborracharse para engrosar el número de viudas o al menos mitigar el dolor de las gusaneras. La hombría, aquí, se mide por muertos. Allá va Danilo, que ya mató a tres; Tomás acaba de regresar, andaba huyendo porque mató a su hermano.

El paisaje parece copiado de un cuadro naturalista del siglo XIX. Bosques de pino apenas interrumpidos por pequeños páramos en los que se alzan aldeas, verdes y hermosas si no fuera porque han sido levantadas por la miseria y el garrote. Los niños deambulan desnudos y las mujeres a los 30 años parecen ancianas, sin dientes, con las manos curtidas y los pechos caídos de tanto amamantar criaturas.

Una niña de cinco años se acurruca para defecar en el monte. El microcosmos que se apoderó hace tiempo de su sistema digestivo desecha los alimentos en forma de una diarrea verde, apestosa. No ha terminado cuando ya algunas moscas comienzan a invadir la escena. Al acecho, un perro espera a que la niña termine para alimentarse de esa plasta verde. Esta es la cadena alimenticia de la miseria. Aquí no se desperdicia nada.

Solo las moscas tienen la nutrición adecuada. Enormes y ruidosas, se aparean para después desovar en la espalda de las vacas, de los perros, de los niños. A los pocos días, la picadita se va abultando y adquiere vida propia. Es un tórsalo que comienza a moverse solo en la espalda de la vaca, del perro, del niño. Y pica, pica, pica con desesperación hasta que duele de tanto rasparse la espalda. Son gusanos que solo salen a pedazos, exprimiéndolos como una espinilla gigante, morada.

En esta tierra de morenos curtidos por el sol y disminuidos por el hambre y el trabajo del campo, vive El Gringo, un hombre blanco curtido por el sol y disminuido por el hambre y el trabajo del campo. Cuando llegó aquí, hace tres años, pesaba 282 libras. Ahora pesa 165, come de lo que le regala una vecina y aprovecha las pocas monedas que gana cuando le sale trabajo para comprar alcohol trasegado que le permita recordar su nombre y olvidar de dónde viene y por qué está aquí. La única persona que le ha tendido la mano en este macondo recuerda cuando apareció por aquí: “Cuando vino ni siquiera sabía usar el machete”, dice, burlándose.

El Gringo vive en una pequeña casa de bahareque, con ventanas de madera sin vidrio y con apenas tres prendas de vestir colgadas de una pita que atraviesa el cuarto. Una colchoneta roída y sucia le sirve de cama. Vive aquí de prestado. La dueña de la vivienda barre, mientras le cuenta que alguien le quiere quemar la casa. “Le estuvieron tirando piedras pero ninguna cayó en la ventana, yo pensé que se la iban a destruir”, dice. Los atacantes son algunos de los 10 hijos que ella trajo al mundo y que amamantó y crio hasta cuando tuvieron edad suficiente para asesinar a su propio padre. “De los 10, cinco me salieron buenos”, cuenta. Una noche, hace tres meses, dos de los otros cinco se sentaron a beber en familia con su padre. La conversa terminó en reyerta, hubo gritos y amenazas. “Lo salieron a perseguir y le pegaron con un palo. ¡Ay no!, les dije, ya me lo mataron. Pero no me hicieron caso. Ahí quedó el viejo. Muerto”. Ella misma los fue a denunciar a la policía, que los capturó días después pero que los dejó libres hace dos semanas. Han jurado volver para matar a su mamá.

“Tenga cuidado”, le dice la anciana al Gringo. “Una de mis hijas le va a quemar la casa para quitármela”. Esta mujer no sabe que El Gringo es salvadoreño. Ni que se llama Álvaro Rafael Saravia. Tampoco sabe que es piloto de aviones. Ella nunca ha visto un avión. Tampoco sabe que El Gringo participó en el asesinato de un arzobispo. Pegada a su falda camina su nieta, huérfana de padre, que tiene una hermosa sonrisa y una infección en un ojo.

30 años después de asesinar a monseñor Romero, el capitán Álvaro Rafael Saravia está en el infierno.

-Claro, es un castigo. Todo donde estaba metido yo era una podredumbre, todos andaban detrás del dinero como sea. Los medios no importaban, pero querían dinero. Enriquecerse.

-Usted también.

-Yo también. ¡Claro! Vaya a verme ahora. He aprendido a vivir con lo que tengo. He vivido con la gente que realmente sufre. Pero sufre una calamidad espantosa. ¡La peor desgracia del mundo! ¡La pobreza! ¿Cómo no iba a ser guerrillero el hombre si estaba viendo que sus hijos se estaban muriendo de hambre? Y cuando iban a cagar cagaban lombrices. Yo agarro mi fusil y me voy a la verga. No lo espero dos veces. Ni tres. Ni necesitan convencerme mucho.

-Hoy la está viviendo.

-La estoy viviendo. En carne propia. Si algún día yo pudiera hacer algo por esa gente lo hago. Aún tomar las armas.

-Cómo da vueltas la vida.

-Ha dado vuelta mi vida. Terriblemente. Y he sufrido a la par de esa gente: que no hay maíz. Vayan a cortar guineos pues. En veces hay maíz y no hay con qué. Entonces a la tortilla hay que echarle sal. Entonces se come con sal. Y en veces no hay. Yo tengo una familia enfrente. A veces me dejan unas cuatro tortillas. Y si eso es ser comunista… Es comunista. En aquel tiempo para todos los que estaban es comunista. Que lo saca, lo trompea de la casa y decirle hijueputa vos andás con la guerrilla. Cambia la vida. Esto no es vida.

***

Debajo de la cama de Álex “El Ñoño” Cáceres hay dos botellas de whisky y tres de champán. Las esconde cada vez que se va de viaje, pero sus inquilinos saben perfectamente dónde encontrarlas. En esta casa de la colonia San Benito, los hombres que conforman el equipo de seguridad de Roberto d´Aubuisson pasan algunas noches aprovechando que el propietario vive en Miami.

Fernando “el Negro” Sagrera y el capitán Saravia destapan una botella de whisky y comienzan su propia fiesta. Su jefe se ha ido a San Miguel todo el fin de semana, a la casa de unos amigos. Aún no ha vuelto.

Afuera, en el parqueo y la caseta de seguridad de la casa, hay al menos 12 hombres esperando instrucciones. Es domingo, un día tranquilo para la fiesta pero agitado para la política porque es el día en que el arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, celebra misa en catedral y aprovecha la homilía para hablar sobre la situación del país. “Se hablaba de que la homilía de Romero, que era un hombre que estaba alebrestando a la gente… Eso era comidilla del día en todos lados, la homilía de Romero”, recordará después el capitán Saravia.

Este domingo, 23 de marzo de 1980, monseñor Romero ha dicho unas cosas tremendas. Le habló a los soldados, a los guardias nacionales, a los policías… a todos los cuerpos de seguridad, para decirles que no deben matar a sus hermanos campesinos. Les dijo que la ley de Dios prohÍbe matar y que esa ley prevalece sobre cualquier otra. Que no deben obedecer ninguna orden de matar a nadie. “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno, en nombre de Dios: cese la represión!”.

Para el grupo al que pertenecen los dos que ahora beben whisky escocés, estas palabras solo pueden provenir de un comunista. Y el comunista es el enemigo. Es hora de matarlo. Pronto. Aún hay whisky para rato, cortesía de Álex Cáceres.

***

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Temprano en la mañana del 24 de marzo de 1980, el capitán Eduardo Ávila Ávila entra a la casa de Álex “El Ñoño” Cáceres y despierta a Fernando Sagrera y al capitán Saravia. Lleva en la mano un ejemplar de La Prensa Gráfica, abierto en la página 20, como prueba de que hoy es un buen día para matar al arzobispo. Esa página repite varias veces los dos apellidos del capitán Ávila Ávila. El periódico anuncia una misa conmemorando el primer aniversario de la muerte de la señora Sara Meardi de Pinto. Su hijo, Jorge Pinto; sus nietos y las familias Kriete-Ávila, Quiñónez-Ávila, González-Ávila, Ávila-Meardi, Aguilar-Ávila y Ávila-Ávila, entre otras, invitan “a la santa misa que oficiará el Arzobispo de San Salvador, en la Iglesia del Hospital de la Divina Providencia, a las 18 horas de este día”.

El capitán Eduardo Ávila Ávila les informa el plan: en esa misa será asesinado monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez. Ya todo ha sido coordinado con Mario Molina y Roberto d´Aubuisson.

D’Aubuisson no está en esa casa. Se ha ido el fin de semana para San Miguel, a descansar a la casa de la familia García Prieto. Les dará las órdenes por teléfono. Ávila les notifica primero que ya tiene al tirador: un miembro del equipo de seguridad de Mario Molina; sólo necesita un vehículo. Eso les toca a ellos. “Mario Molina nos mandaba a pedir un carro… que había que contactar a Roberto (d´Aubuisson). El Negro Sagrera se puso a hacer unas llamadas y averiguó dónde se encontraba. Le hablamos por teléfono. El Negro Sagrera me dijo: ‘Quiere hablar contigo’ . Le dije ‘mire, mayor, ¿y de qué se trata esto? A mí me parece raro que nos vengan a pedir un carro’. Las palabras de él fueron: ‘¡Hacete cargo!’. Bueno, está bien, mayor, lo vamos a hacer. Pah. ‘Sí, ahí te lo voy a llevar, ¿a qué horas nos podemos juntar para darte el carro, pues?’, le dije (a Ávila). ‘Mirá -me dijo-, si con seguridad nos vemos unos... pongámosle una hora antes de la muerte de Romero’”. A las 5 de la tarde, en el estacionamiento del hotel Camino Real.

***

Mario Ernesto Molina Contreras nació en cuna de oro. Así se refieren a él y su familia oficiales activos y retirados del ejército. Hijo del coronel Arturo Armando Molina, uno de los militares más poderosos en El Salvador del siglo XX y que presidió el país entre 1972 y 1977, Mario Molina creció con las comodidades con las que crece el hijo de un presidente militar salvadoreño del siglo XX: con seguridad, impunidad y dinero asegurado; con el sello de nobleza militar; con viajes al extranjero; con los beneficios de ser la parte más alta de la escala social de los uniformados.

Hijo del coronel Molina y hermano del general Jorge Molina Contreras, que fue ministro de Defensa del presidente Antonio Saca, Mario llevó una vida privada y apartada de la disciplina militar.

En la Casa Presidencial de su papá conoció a dos hombres con los que pocos años después coincidió en los movimientos ultraderechistas y que terminaron también involucrados en el asesinato de monseñor Romero: Roberto d´Aubuisson revisaba y ordenaba los archivos de inteligencia y Álvaro Rafael Saravia formaba parte del equipo de seguridad de avanzada del presidente Molina.

En esa Casa Presidencial, según Saravia, se reunió un grupo de guardias nacionales que posteriormente conformaron el equipo de seguridad privado de Mario Molina y de donde salió el hombre que terminó con la vida de monseñor Romero. “Eran miembros numerarios de la Guardia Nacional que le daba protección al presidente de la República. Ahí estaba gente civil. No andaban uniformados. Acompañaban al presidente en las giras. Entonces Mario Molina era el hijo menor de ellos. Ya le quedaron específicamente a él de seguridad porque ya los conocía”.

Molina, mencionado en el informe de la Comisión de la Verdad y en el de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha logrado mantener un bajo perfil durante todos estos años, alejado de la vida pública.

Su hermano Jorge, el ex ministro de Defensa, ni siquiera está seguro de que el hombre mencionado en el informe de la Comisión de la Verdad sea su hermano: “¿No será otro Mario Molina? Hay muchos que se llaman así”. El general informa que su hermano Mario se encuentra fuera del país.

Pocos de los involucrados han dado alguna vez su versión de los hechos. El capitán Ávila Ávila se pegó un balazo pocos años después; el mayor D´Aubuisson murió de cáncer y Mario Molina nunca ha contado su historia. Ahora habla Saravia, el lugarteniente de Roberto d´Aubuisson, quien confiesa su participación en el crimen y el involucramiento de su jefe.

***

La casa del empresario Roberto Daglio es, como varias de las casas de seguridad, un centro de diversión para algunos de los hombres que rodean al mayor D´Aubuisson. Aquí se realizan entregas de drogas, por las noches llegan camionetas con prostitutas y corren el alcohol y la cocaína. La seguridad hecha fiesta para treintañeros casados, armados y en plena fiebre anticomunista.

El dueño casi nunca está. Roberto “Bobby” Daglio, un hombre de negocios y piloto aviador, pasa la mayor parte del tiempo en Miami, Florida. Abrir su casa a los grupos ultraderechistas es solo una de sus muchas maneras de apoyar la lucha anticomunista desde la distancia.

Según documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, Daglio pasó los primeros años de la década de los 80s reuniéndose en Miami con otros empresarios ultraderechistas en un grupo denominado “Miami Six”, que financiaba operaciones ilegales del grupo de D´Aubuisson. Ese grupo se dedicaba al terrorismo: ordenaba asesinatos, secuestros y la colocación de artefactos explosivos, financiaba a los escuadrones de la muerte y tenía como objetivo destruir cualquier intento de reforma en El Salvador y acabar con todos los comunistas.

Los otros integrantes de este grupo eran, según los documentos del Departamento de Estado que datan de 1981, el propietario de El Diario de Hoy (al que identifica en algunos documentos como “Viera Altamirano”, en otros como “Enrique Viera Altamirano” y en otros más simplemente como Enrique Altamirano, quien aún es director de El Diario de Hoy, el periódico de la extrema derecha salvadoreña); Luis Escalante; Arturo Muyshondt y los hermanos Salaverría (Julio y Juan Ricardo).

En Miami, Daglio fundó con Enrique Altamirano la “Freedom Foundation”, o Fundación para la Libertad. Contrataron a la consultora Fraser para hacer lobby en Washington. Fraser se comprometió a cambiar la percepción estadounidense sobre El Salvador, influenciada por “periodistas amarillistas” que titulaban sus notas sobre El Salvador con “el asesinato de monjas estadounidenses y fotos de militares salvadoreños cometiendo excesos”, y no por el “significante esfuerzo del sector privado por responder a las legítimas aspiraciones y deseos del pueblo salvadoreño”.

El 24 de marzo de 1980, en la casa de Daglio, en San Salvador, Saravia coordina la entrega del automóvil desde el cual se disparará contra el arzobispo. Es un Volkswagen Passat, rojo, cuatro puertas, donado a D´Aubuisson meses atrás por Roberto Mathies Regalado, propietario de la agencia Volkswagen, como un apoyo a la lucha anticomunista. Nadie recuerda a nombre de quién estaba matriculado ese vehículo. Sarava también tiene que localizar a Amado Garay, su chofer, para que conduzca el carro.

“Tenía que localizar a Garay, tenía que localizar en qué carro iba a ir… Y desgraciadamente fue en ese carro rojo. O el carro que hubiera sido se hubiera sabido. No sabíamos la planificación. Íbamos a entregar un carro. Claro, sabíamos para qué se iba a ocupar el carro”, recuerda Saravia.

A las 4:30 de la tarde, en el estacionamiento de la casa de Daglio, Amado Garay espera paciente indicaciones de su jefe. Una empleada doméstica se asoma por una puerta de servicio para ofrecerle un pan y un refresco. Saravia y Sagrera están adentro de la casa.

Pocos minutos después, Saravia le ordena que conduzca el Passat hasta el estacionamiento del Hotel Camino Real. Pero antes de que Garay se suba al carro, entra a la casa un hombre fornido, bajo y con voz ronca. Es amigo de Sagrera, pero ha llegado a recoger un encargo. Este es, probablemente, el momento más estúpido en la vida de Gabriel Montenegro. El momento más equivocado, en el lugar más equivocado y con el vicio más equivocado. Una torpeza que va a lamentar el resto de su vida.

Aquí interviene, entonces, su amigo Fernando Sagrera. Le pide que los lleve a entregar el carro. Y se van, los tres, detrás de Garay, al estacionamiento del Camino Real.

No hay mucha vigilancia en el estacionamiento del Camino Real. Es un lugar movido, pero en el que a nadie le extraña ver a hombres armados en marzo de 1980. No hay restricciones de ingreso y está bien ubicado. A veces, algunos desconocidos pasan arrojando cadáveres a la entrada del hotel, pero los tiran afuera, en la calle. No entran.

Ambos carros se estacionan. Garay se queda en el Passat rojo y Montenegro en la Dodge Lancer blanca. El capitán Saravia y El Negro Sagrera se bajan a encontrarse con cinco hombres que ya están ahí, en una camioneta blanca. Un hombre alto, delgado, barbado, se sube en el asiento trasero del Passat rojo. Lleva un fusil.

-Lo metieron al carro y ahí les dije: ‘Bueno, sacate al motorista porque el motorista lo voy a llevar yo’. No, pero es que no tenemos, que tiene que manejar, porque el carro pidieron ustedes, no, que no sé qué. Entonces se metió el Negro Sagrera, como siempre, en esa mierda… ‘Mirá, hombre, dale, que no sé qué, que ya están en esto, que no puede fallar este asunto’. Por último, ¡otra vez vuelvo a meter las patas yo! Al ver que iba a fallar todo… ¡Andate, pues! Entonces viene Garay y se va. Se van para la iglesia.

-¿Y usted se queda ahí?

-No. Nosotros nos vamos a buscar la iglesia. Porque no conocía ni el Negro ni el Bibi ni yo dónde quedaba.

-¿Quiénes van a buscar la iglesia?

-Los tres que estábamos en el carro. Encontramos la iglesia después de un rato y nos parqueamos enfrente. No enfrente, aquí (a un costado de la entrada).

-Y no lo habían matado todavía.

-No. Ahí estábamos parqueados nosotros, no habíamos pasado ni cinco minutos cuando se oyó el disparo. Si es que esos fueron llegando y matándolo.

-¡O sea que usted estaba enfrente de la iglesia cuando lo mataron!

-Sí, estábamos nosotros. Ahí estaba el Negro Sagrera, Bibi Montenegro y yo en la parte de atrás del asiento del carro.

-¿Y veía?

-No, no, no. Solo la entrada se miraba. Y el carro estaba parqueado, ese Volkswagen. El carro salió para abajo y dobló a donde estábamos nosotros. De ahí se perdió y nosotros dijimos vámonos.

-¿Y por qué decidieron ir?

-Bueno, nosotros fuimos… hasta imbécil parece ser tal vez… Por saber, por curiosidad, por ir a ver. Ridículo, ¿verdad? Ridículo.

***

Se presenta como un fascista. Lleva una gorra que dice “KGB. We are still watching you”, jeans y una camisa de leñador. Porta un bigote blanco y tupido, cuyos extremos rozan la barbilla, en un estilo que los expertos llaman “camionero” o “trailero”. Gabriel Montenegro, un hombre que lleva casi 30 años viviendo en Norteamérica, acude a la entrevista sin saber exactamente de qué vamos a hablar. “No soy nazi, soy fascista, que es distinto”, dice, para abrir el encuentro. “Creo en las organizaciones de los gremios, y controladas desde arriba. Como en los tiempos de mi general Maximiliano Hernández, que no había mareros. A los ladrones la primera vez el primer dedo. La segunda vez el otro, y así hasta la mano. A los violadores los castraban y a los asesinos les aplicaban la ley fuga”.

Cuando le digo que sé dónde estuvo él el 24 de marzo de 1980, su primera reacción es negarlo. “Eso es falso”, dice. Después pide acogerse a “la Quinta Enmienda”, una provisión estadounidense que da derecho a guardar silencio para no autoincriminarse. Comienza a ver nerviosamente a su alrededor. Con una paranoia que se contagia. Yo también comienzo a ver alrededor, buscando entre las mesas de esta cafetería una mirada torva ocultándose detrás de un periódico o alguien hablando solo, con la boca torcida y un alambre discreto alrededor de su oreja. No encuentro nada. Sigo la mirada de Montenegro, como quien busca algo en el cielo sólo porque la persona de al lado dirige su mirada hacia arriba. En una mesa contigua hay dos chicas que recién estrenan la mayoría de edad. Una lleva falda escocesa a cuadros y una camisa manga corta, blanca. La otra parece recién bañada, lleva jeans y una camiseta amarilla. Toman café y conversan como conversan todas las chicas de esa edad, con una seguridad adulta, madura para sostener el cigarillo y darle una bocanada, pero con la sonrisa naïf que devela que aún no han terminado de desarrollarse. Montenegro les fija el reojo. Las observa, intentando que ellas no vean que él las está viendo. A mí no me parecen agentes de nada, pero él sabe más que yo de estas cosas. Las colegialas se han convertido ya en sospechosas.

Montenegro enciende su tercer cigarro en 15 minutos, y yo comienzo a leerle el testimonio de Saravia. Da un trago a su botella de agua, observa con dureza a las agentes de la mesa contigua y fuma con intensidad. Le tiembla la quijada. Cuando termino, la sangre se le ha subido a la cabeza y parece que va a estallar en cualquier momento. “Llevo 30 años huyendo de ese día”, dice. En eso se parece al Capitán Saravia. “Ni siquiera mi familia sabe que yo estuve ahí. Pero no le voy a dar declaraciones”. Nos despedimos con su confesión sin narración. Al siguiente día, Bibi Montenegro llega al mismo café, pero dispuesto a contarme su 24 de marzo de 1980.

“Yo llegué a esa casa a recoger ciertas cosas que eran para mi consumo, ellos me pidieron un ride y yo se los di. Les dije hay que esperar a esta persona, me dijeron no te preocupés, aquí tenemos nosotros un poco, venite, danos el ride”.

Bibi Montenegro conduce su camioneta Dodge Lancer blanca hasta el estacionamiento del Camino Real. Anda armado con una Colt 45, y cargado con su medicina. A su lado, Fernando Sagrera. Ha traído un arma automática, una subametralladora Hechler & Koch MP 5. Atrás, un hombre del que Bibi Montenegro había escuchado muchas historias, pero al que mira por primera vez: Álvaro “el Chele” Saravia. Este lleva las dos pistolas que siempre carga: una en la cintura, 45 gold K, y otra en el tobillo, la 380. Cuando llegan al estacionamiento del hotel, Montenegro estaciona su camioneta muy cerca del Volkswagen Passat que conduce Amado Garay, y sus dos acompañantes se bajan a discutir con otros hombres. Bibi se queda en el carro, inspeccionando su medicina. Alcanza a ver a un hombre alto y barbado, con un rifle, meterse al Passat, y cuando Saravia y Sagrera regresan, el Passat arranca y se va. Montenegro y sus acompañantes deciden ir también a la Divina Providencia.

-Yo creí que se iban a dar verga con algún militar o algún hijueputa que lo cuidaban. Yo andaba preocupado por mi asunto que fui a traer y nada más -dice Montenegro.

Partieron a la colonia Miramonte y se detuvieron dos veces en el camino para preguntar dónde quedaba la iglesia. Cuando la encontraron, se estacionaron a unos 50 metros de la entrada, sobre la calle.

-Me miraban a mí bastante nervioso y yo les decía: ¡Puta, miren, aquí nos puede agarrar la policía con estas cosas y va a ser un problema!

Saravia y Sagrera volvieron a bajarse del carro. No llegaron hasta la puerta de la iglesia. A casi una cuadra de distancia, esperaron apenas unos segundos hasta que se escuchó el disparo que mató a monseñor Romero. Uno solo. Un estruendo que algunos de los presentes en la misa recuerdan como un bombazo. Una explosión potente, sin silenciador. Un estallido que Gabriel “Bibi” Montenegro no alcanzó a escuchar. Él seguía adentro del carro, concentrado en su medicina.

Saravia y Sagrera se subieron y la Dodge Lancer blanca, con Gabriel Montenegro al timón, partió de regreso a la casa de Roberto Daglio. El conductor no recuerda la conversación en el carro. “Yo iba tan fuera de mí, porque yo había estado tomando mi medicina, que yo no iba poniéndole atención a eso. Yo iba poniéndole atención a que no hubiera un retén. Y yo todavía pregunté: ‘¿Qué pasó?’ ‘No, nada, dale. Andá a dejarnos’. ‘¿Y ahí va a estar la persona?’ ‘Sí, hombre, no te preocupés, quedate con lo que te dimos.’ ‘Ah, vaya, vergón pues’”.

Tres décadas y ocho operaciones de corazón después, Gabriel Montenegro enciende otro cigarillo. Suspira y los ojos se le humedecen. Le tiemblan la quijada y el bigote. Aprieta los dientes. El cigarro parece sostenido por una mano con Parkinson. Tiene cólera, dice, contra los que le cambiaron la vida ese día. “Si yo hubiera sabido a qué íbamos, quizás no hubiera pasado. Hubieran sido otros los dos muertos”. Otros dos, en un carro en el que iban tres. “Hubiera hecho lo imposible por evitarlo. Sin embargo, como me tuvieron a mi de pendejo ahí, a un pobre adicto dándole su droga. Pero ahora tengo 27 años de estar limpio, gracias a Dios y de los amigos que están allá arriba”.

Según él, hasta el siguiente día se enteró de dónde había estado la tarde anterior. Supo que había ido a matar a monseñor Romero y se alejó para siempre de aquel círculo de salvadores de la patria, de drogas y prostitutas.

Le pregunto si alguna vez le reclamó a D´Aubuisson y a su gente por el crimen. “Sí. Se los reclamé. Y me recordaron que todos los días aparecía gente en las calles. Después en las noticias salió de un carro blanco. Entonces yo le hablé a una amistad y le dije ‘¡Puta, mi carro es blanco, cabrón!’… ‘Deshacete de ese carro y te damos otro’, me dijo. Y ahí cambió mi vida, pues”.

***

Fernando Sagrera y Álvaro Rafael Saravia eran inseparables. Así los recuerda Marissa d’Aubuisson, hermana de Roberto y creadora de la Fundación Romero. “A todos lados iban juntos, siempre los veía con Roberto”, dice. Saravia en el asiento de adelante, junto al mayor. Sagrera en el de atrás.

Una vez, coincidió con su hermano en la casa de su mamá. Afuera, en una camioneta Cherokee, Saravia vigilaba. Marissa se acercó a hablar con él. “Le dije que si estaba blindada y me dijo que sí, pero que la mayor protección era la pintura. ¿Por qué?, le pregunté. ¿Es antibalas? No, me dijo. Pero tiene tantas capas de pintura que ya resiste todo. Un día es gris y al otro día negra”.

Otro día, su hermano insistió en llevarla a su casa. Ella se negó, porque no creyó muy conveniente para su seguridad personal que los vecinos se enteraran del parentesco con el mayor. Pero ante la insistencia de su hermano, se subió a la camioneta. “No se podían poner bien los pies, porque venía forrada de armas”, dice.

Estacionaron el carro a varias cuadras. Sagrera y Saravia se bajaron, y caminaron con ella hasta su casa. En esos días los dos estaban gordos. El Chele y el Negro. “Es que Roberto no podía dar un paso sin que anduvieran estos dos atrás. Para todos lados iban juntos”.

***

Fernando Sagrera siempre ha sido hombre de llegar temprano a casa. A las 7 u 8 de la noche. No sabe qué hacían sus amigos después de esa hora, pero él, dice, jamás se metió en nada. Por eso le extraña que tres personas distintas -Amado Garay; el capitán Saravia y Bibi Montenegro- lo involucren con los hechos. “Yo no tengo nada que ver”.

Le extraña más aún el hecho de que estas tres personas no tienen comunicación entre sí, y que dos de ellas coincidan en su versión “difamatoria” justo 30 años después. Le extraña tanto, dice, como cuando lo interrogaron de la Comisión de la Verdad por este mismo crimen, y él les aclaró que no había tenido nada que ver, y aún así lo mencionaron en su informe. O enterarse, justo ahora, de que también es señalado en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero todas estas acusaciones son falsas. ¿Dónde estaba, entonces, Fernando Sagrera, el 24 de marzo de 1980? “No me acuerdo. Si para mí es un día común y corriente. ¿Cómo me voy a estar fijando qué pasó?”

De Saravia nunca fue amigo, “porque estaba loco. Ese es un alcohólico demente”. Fue, eso sí, amigo de Roberto d´Aubuisson. Muy amigo. “Ese es mi pecado. A Saravia solo lo veía cuando me daban ride a algún lado”.

Tampoco ha matado a nadie, ni participó en operaciones clandestinas. “Fui borracho y pendenciero, eso sí. Pendenciero de esos de darse verga. Pero nada más”.

Sagrera tiene un rostro que no debió haber parecido inocente ni siquiera cuando era un bebé. El ceño fruncido, dos bolsas oscuras debajo de los ojos y un bigote cano componen la fachada de un hombre que durante toda su vida fue conocido como rudo, malencarado y poco sofisticado. “Siempre fue rústico”, dice un amigo suyo.

En 1979, cuando abrieron la pista de carreras de El Jabalí, Fernando Sagrera se asoció con Elías Hasbún y juntos formaron un equipo de autoracing que competía con un Aston Martin propiedad del terrateniente Juan Wright. El carro era ligero, y para llevarlo a la meta de salida Sagrera lo halaba con una cuerda y se paseaba frente a los pits de los demás corredores, amedrentándolos con el Aston Martin a cuestas. A su equipo de carreras, los demás competidores lo bautizaron como los “Really Rotten”, los verdaderamente podridos.

Tiene el cuerpo marcado por las huellas de una quemada. Cuando Napoleón Duarte ganó la presidencia sobre el candidato de Arena, que era Roberto d´Aubuisson, en 1984, Sagrera intentó hacer una barbacoa de documentos de la campaña, y el fuego se le vino encima. Tuvieron que llevarlo a Estados Unidos, a un hospital militar, a curarlo, a pesar de que él no era estadounidense y de que ni siquiera tenía visa de ese país. Lo metieron por el sistema militar.

Mientras estaba postrado, recuperándose, lo vinieron a interrogar hombres que, cree él, eran de la CIA. “Más que todo andaban detrás de las armas que entraban aquí a El Salvador, (creían) que yo las traía y yo las financiaba”. Ante la presión de los interrogatorios, dice, se fugó del hospital. “Para salirme del hospital me hice chero de un gringo, me fui a las 9 de la mañana y él me tuvo en su casa. Y me obligaron a venirme clandestinamente”.

Sagrera fue, según el capitán Saravia, “la única baja que tuvimos durante toda la guerra”. Además de la quemadura, Sagrera recibió un balazo que él mismo se pegó, sentado en una camioneta.

Sobre el asesinato de monseñor, Sagrera no recuerda mucho. A pesar de que antes ya ha dicho que le extraña haber visto su nombre en el informe de la Comisión de la Verdad, ahora dice que ni siquiera sabía que su nombre aparece en el informe de la Comisión de la Verdad. Porque no lo ha visto. “¿A usted no le sucede que cuando usted no tiene en algo que ver, usted no ocupa la palabra 'a mí me vale verga porque yo no tengo nada que ver en eso?'”

De Bibi Montenegro tampoco fue amigo. Le digo que yo sé que el 24 de marzo él iba en una Dodge Lancer blanca, rumbo a la iglesia de la Divina Providencia.

-Fíjese que no me cuadra. No me acuerdo, no tengo... no sé.

-Había una tercera persona en ese carro, un amigo suyo. ¿Lo recuerda?

-No.

-Bibi Montenegro.

-¿Este Montenegro de cuáles Montenegros?

-Bibi Montenegro, su amigo.

-Vaya le negaría que no... hoy ya me hizo clic, ¿veá? Sí lo conozco, pero no somos ni amigos ni nada. Yo lo he visto cinco veces en mi vida... tal vez, cuatro.

***

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Elías Hasbún recuerda con mucho entusiasmo los días de los “Really Rotten” en El Jabalí. Él y Sagrera, corriendo juntos, y el tercer amigo en el apoyo: Gabriel “Bibi” Montenegro. “Siempre llegaba, como éramos muy amigos, llegaba con su esposa a todas las carreras. El Bibi era como el fan del equipo, después nos íbamos juntos todos”.

Hasbún, conocido como “Urly” en el mundo de los automóviles, todavía corre y todavía, también, mantiene un tallercito especializado en autos de carrera. En 1980 el taller Voglione ocupaba un local alquilado en la colonia La Rábida de San Salvador, a una cuadra de la embotelladora Canada Dry. Ahí varios talleres operaban en el mismo espacio, abierto. Hoy ese edificio es la ampliación de la fábrica de plásticos Mondini. Ahí, asegura el capitán Saravia, llevaron el Passat rojo cuatro puertas desde el que fue asesinado monseñor Romero: “Se le dio la misión al Negro Sagrera, de decirle mirá que ese carro hijueputa que no… Que se bote, que se queme. Detrás de la Canada Dry hay una calle. En esa calle hay un taller. El Negro Sagrera dice que a ese se lo llevó. Que a esta persona de aquí se lo llevó para que lo destruyera”.

Hasbún dice que no recuerda quién llevó ese carro. “Sí me acuerdo que lo vi ahí, un Passat rojo. Nuevito. Un día llegó y después me enteré que estaba metido en lo de monseñor Romero, pero ya no pregunté más porque en esos días era peligroso andar averiguando. Me quedé calladito”. El carro, dice Hasbún, permaneció casi un mes en ese taller, hasta que un día desapareció y no supo nada más.

***

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Dos o tres días después del asesinato de monseñor Romero, el grupo de D´Aubuisson sostiene una reunión en la casa de Eduardo Lemus O´byrne. Saravia conoce de esta reunión, porque él mismo, saliendo de ahí, fue a pagarle al hombre que disparó contra monseñor Romero. Fue a pagarle por sus servicios.

“Yo no conocía al tirador. Ese día lo vi yo en el carro, meterse al carro de barba. Y después le fui a entregar yo personalmente los mil colones que le entregó, que los pidió prestados D´Aubuisson a Eduardo Lemus O´byrne. En la casa de él estábamos nosotros cuando llegaron a decirle que… ¡A cobrar! Y Roberto d´Aubuisson jamás manejaba dinero. Le prestó mil colones a este para entregárselos.”

Eduardo Lemus O´byrne es un conocido empresario salvadoreño. Ha sido presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada, propietario de granjas avícolas y un hombre muy conocido en los círculos empresariales centroamericanos.

Fue un acérrimo enemigo de la reforma agraria, desde los tiempos del coronel Molina, y se acercó, casi de manera natural, al grupo de D´Aubuisson. De Saravia y Sagrera dice: “Esos eran unos matarifes. Yo con ellos nunca tuve nada que ver. Yo defiendo principios, pero estos se habían vuelto guerreros y mafiosos”. Asegura que nunca, nunca le dio dinero a D´Aubuisson y que, si le hubiera pedido mil colones para dárselos al asesino de Romero, sin duda lo recordaría. “Y no, no recuerdo esa reunión. Esa reunión nunca pasó”.

Lemus O´byrne se separó de D´Aubuisson y los fundadores de Arena poco después. El 14 de septiembre de 1982, su cuñado, Julio Vega, piloto aviador, desapareció en una pista aérea en Guatemala. “Creo que lo eliminaron porque andaba traficando armas para el FAN”, dice Lemus. El FAN era el Frente Amplio Nacional, un movimiento paramilitar dirigido por D´Aubuisson que sentó las bases de Arena.

La viuda de Vega se casó poco después con D´Aubuisson, y Eduardo Lemus O´byrne aún no descarta que haya alguna relación entre el homicidio y la relación amorosa. Solo eso explica que, cuando uno de sus amigos comenzó a investigar el crimen, pronto fue amenazada su vida: “Lo trató de matar el grupo de D´Aubuisson, Sagrera y Saravia. Entonces yo le dije a Roberto: conmigo no estés jodiendo, que yo sí te voy a quebrar el culo”.

El capitán Saravia insiste en que el dinero lo puso Lemus O´byrne. “Dio los mil pesitos. Yo mismo se lo fui a entregar. Llegué donde él y le dije, mirá, dice Roberto d´Aubuisson que no quiere saber ni mierda de vos, que te arreglés con tu jefe”.

El dinero se lo fue a entregar al estacionamiento de un pequeño centro comercial en el oeste de San Salvador, llamado Balam Quitzé. Ahí lo esperaba el tirador, ya sin barba, acompañado de Walter “Musa” Álvarez, un extraño hombre que murió asesinado poco después.

“Dio el pisto. Dio los mil pesitos, se los fui a dejar yo y le dije lo siguiente. ¡De ahí yo jamás! De ahí lo empecé a ver a este, a cómo se llama, al, al… llegaba a las oficinas de Daglio, así pasaba. Y (Jorge) “el Chivo” Velado ya era un hombre de edad, andaba con él exhibiéndose. El tipo en la calle y él manejando. Y no sólo lo vi yo, pues. Y le ha de haber dicho a la gente “este fue el que lo mató”. Él sabe los movimientos correctos de él”.

Jorge Velado es ya un hombre mayor. Fue fundador de Arena y trabajó al lado de D´Aubuisson durante muchos años. Pero eso, dice Velado, nada tiene que ver con el asesinato de monseñor Romero. Solo después de varias semanas de intentos de hablar con él, Velado acepta hacerlo brevemente y por teléfono. “Yo no conocí a ese Saravia, y no me anduve paseando con nadie nunca. Yo de eso no tengo nada que decir”.

***

Marissa d´Aubuisson recuerda otra escena: pocos días después de la muerte de monseñor Romero, comenzaron a circular los rumores de que Roberto d´Aubuisson había ordenado el asesinato.

Su hermana mayor decidió averiguarlo y confrontó al hermano paramilitar. “Roberto, dicen por ahí que vos tuviste algo que ver con la muerte de Romero”. El mayor D´Aubuisson respondió: “Mirá, mejor callate si no sabés, porque al que mató a ese hijueputa le van a hacer un monumento”.

El asesinato, y los rumores del involucramiento de D´Aubuisson en los escuadrones de la muerte, ayudaron a consolidar su liderazgo entre las filas de la extrema derecha salvadoreña, y lo convirtieron en ícono de la lucha anticomunista.

Algunos años después de participar en el asesinato de monseñor Romero, el mayor Roberto d´Aubuisson se convirtió en candidato presidencial, presidente de la Asamblea Constituyente de 1985 y figura mítica, padre y guía de la derecha salvadoreña. El partido que fundó, Arena, gobernó El Salvador durante 20 años, hasta que en marzo de 2009 fue derrotado en las urnas por la ex guerrilla, el FMLN.

Saravia, trastornado por el giro que ha dado su vida y su contacto directo con la pobreza y la marginalidad, ha cambiado ya también su manera de ver el mundo. Ahora quisiera fusilar al mismo hombre al que él le entregó mil colones. “¡Que lo fusilen!… Porque no hay pena de muerte en El Salvador, pero merece la muerte. Quisiera creerlo así y quisiera confrontarlo. Porque él sabe. Y si está vivo, ¿qué mejor que agarrarlo?”

Sobre la participación de Roberto d´Aubuisson: “Me dijo: ‘Hacete cargo’. Hacete cargo de entregar el carro, pues. ¿verdad? Ahora, que a la larga, ¿sabe qué pensé yo? Esa fue una orden de matar, pues. ¿Verdad? Yo lo pensé. Yo lo pensé. Yo no sé ciertamente si D´Aubuisson se metió en ese asunto y el pendejo fui yo, que en todo estoy yo, sabiendo lo que sé y lo que le estoy contando quiero saberlo también, y si no me cago en la madre de D´Aubuisson yo. ¿Ah? Por lo menos tengo más…”.

El padre Jesús Delgado, biógrafo de monseñor Romero y quien desde hace años promete que algún día, en un libro, revelará quiénes ordenaron el asesinato del arzobispos, asegura que el mayor Roberto d’Aubuisson fue solo una pieza operativa, no el autor intelectual del asesinato. “A Duarte se le hizo muy fácil descargar toda la responsabilidad en una sola persona. D’Aubuisson sí participó, pero no lo ordenó”, dice.

Con el capitán Saravia pactamos un nuevo encuentro en una cafetería de pueblo. Cuando él llegó, me encontró sentado a una mesa justo debajo de un cuadro que representaba la última cena. Se detuvo a verla.

-¿Por qué se vino a sentar aquí?

-Era la única mesa que quedaba libre, capitán.

-¿Ya vio? Se vino a sentar debajo de la última cena. Eso tiene que ser una señal.

Me dijo que quería una foto bajo la última cena, y se la tomé con un celular. Abusé y le pedí que posara frente al cartel de Se Busca en el que aparecía su foto, y aceptó. Ya en esas, le dije que la próxima vez vendría con un fotógrafo, y aceptó también.

La última vez que nos reunimos, recién había terminado una labor agrícola que le dejó unos cuantos reales machete en mano. Lo encontramos rasurado, con el cabello recién cortado y unas gafas nuevas. “Ahora sí, tómenme las fotos que quieran”.

Aprovecho para ponerle la grabación de la última misa de monseñor Romero. El capitán frunce el ceño, y escucha atento. Monseñor dice sus últimas palabras: “Que este cuerpo inmolado y esta sangre sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza, a este momento de oración por doña Sarita y por nosotros”.

Se escucha una explosión y el capitán Saravia se estremece. Da un pequeño brinco en la silla. Una corriente eléctrica recorre su cuerpo y se detiene en sus ojos, que ahora sí se abren completamente detrás de sus gafas nuevas y se humedecen. Me mira fijamente sin decir nada por un par de segundos. Respira profundamente.

-¿Ese es el disparo?

-Sí, capitán. Ese es el disparo.