domingo, 28 de julio de 2013
ELPAPEL DE LAS MUJERES EN LAS RELIGIONES .MISOGINIA PURA
> Marcelo Colussi
>
> Que las mujeres gozan de menos derechos que los varones en todos los
> rincones del mundo no es ninguna novedad. Eso está comenzando a
> cambiar, lentamente. Ya hay transformaciones importantes en curso,
> pero aún resta muchísimo por avanzar. El patriarcado, con mayor o
> menor virulencia, sigue siendo aún una cruel realidad en todo el
> planeta. No puede precisarse cómo seguirán esos cambios, y con qué
> velocidad.
>
> Lo que sí está claro es que las religiones -todas- no juegan un papel
> precisamente progresista en ese cambio: más que ayudar a la igualación
> de las relaciones entre los géneros, promueven el mantenimiento de las
> más odiosas y repudiables diferenciaciones injustas (¿puede haber
> alguna diferenciación injusta que no se odiosa y repudiable?)
>
> Amparados en la pseudo explicación de "ancestrales motivos
> culturales", podemos entender -jamás justificar- el patriarcado, los
> arreglos matrimoniales hechos por los varones a espaldas de las
> mujeres, el papel sumiso jugado por éstas en la historia, el harem, la
> ablación clitoridiana; podemos entender que una comadrona en las
> comunidades rurales de Latinoamérica cobre más por atender el
> nacimiento de un niño que el de una niña, o podemos entender la lógica
> que lleva a la lapidación de una mujer adúltera en el África.
>
> En esta línea, entonces, podríamos decir que las religiones
> ancestrales son la justificación ideológico-cultural de este estado de
> cosas; las religiones en tanto cosmovisiones (filosofía, código de
> ética, manual para la vida práctica) han venido bendiciendo las
> diferencias de género, por supuesto siempre a favor de los varones.
> ¿Por qué los poderes, al menos hasta ahora, han sido siempre
> masculinos y misóginos? Esto, secundariamente, demuestra que todas las
> religiones son machistas, nunca progresistas, nunca promueven la
> equidad real; y si hay diosas mujeres, como efectivamente las hay, la
> feligresía está atravesada por el más absoluto patriarcado.
>
> Quizá en un arrebato de modernidad podríamos llegar a estar tentados
> de decir que las religiones más antiguas, o los albores de las
> actuales grandes religiones monoteístas, son explícitas en su
> expresión abiertamente patriarcal, consecuencia de sociedades mucho
> más "atrasadas", sociedades donde hoy ya se comienza a establecer la
> agenda de los derechos humanos, incluidos los de las mujeres,
> sociedades que van dejando atrás la nebulosa del "sub-desarrollo".
> Así, no nos sorprende que dos milenios y medio atrás, Confucio, el
> gran pensador chino, pudiera decir que "La mujer es lo más corruptor y
> lo más corruptible que hay en el mundo", o que el fundador del
> budismo, Sidhartha Gautama, aproximadamente para la misma época
> expresara que "La mujer es mala. Cada vez que se le presente la
> ocasión, toda mujer pecará".
>
> Tampoco nos sorprende hoy, en una serena lectura historiográfica y
> sociológica de las Sagradas Escrituras de la tradición católica, que
> en el Eclesiastés 22:3 pueda encontrarse que "El nacimiento de una
> hija es una pérdida", o en el mismo libro, 7:26-28, que "El hombre que
> agrada a Dios debe escapar de la mujer, pero el pecador en ella habrá
> de enredarse. Mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré
> a un hombre justo entre mil, más no encontré una sola mujer justa
> entre todas". O que el Génesis enseñe a la mujer que "parirás tus
> hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad
> sobre ti", o el Timoteo 2:11-14 nos diga que "La mujer debe aprender a
> estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar
> o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio".
>
> Siempre en la línea de intentar concebir la historia como un continuo
> desarrollarse, y al proceso civilizatorio como una búsqueda perpetua
> de mayor racionalidad en las relaciones interhumanas, podría
> entenderse que cosmovisiones religiosas antiguas como la que aún
> mantienen los ortodoxos judíos repitan en oraciones que se remontan a
> lejanísimas antigüedades: "Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque
> Tú no me has hecho mujer", o "El hombre puede vender a su hija, pero
> la mujer no; el hombre puede desposar a su hija, pero la mujer no".
>
> Reconociendo que los prejuicios culturales, racistas para decirlo en
> otros términos, siguen estando aún presentes en la humanidad pese al
> gran progreso de los últimos siglos, desde una noción occidental
> (eurocentrista), podría pensarse que son religiones "primitivas" las
> que consagran el patriarcado y la supremacía masculina. Así, ente la
> población africana, es común que en nombre de preceptos religiosos (de
> "religiones paganas" se decía no hace mucho tiempo) más de 100
> millones de mujeres y niñas son actualmente víctimas de la mutilación
> genital femenina, practicada por parteras tradicionales o ancianas
> experimentadas al compás de oraciones religiosas a partir del
> concepto, tremendamente machista, de que la mujer no debe gozar
> sexualmente, privilegio que sólo le está consagrado a los varones,
> mientras que eso por cierto no sucede en sociedades "evolucionadas".
>
> Igualmente desde un prejuicio descalificante puede decirse que la
> dominación masculina queda glorificada en religiones que, al menos en
> Occidente, son vistas como fanáticas, fundamentalistas, primitivas en
> definitiva. En ese sentido, en esa lógica de discriminación cultural,
> puede afirmarse que los musulmanes ya en su libro sagrado tienen
> establecido el patriarcado, lo cual podría ratificarse leyendo el
> verso 38 del capítulo "Las mujeres" del Corán (en la traducción
> española de Joaquín García-Bravo), que textualmente dice: "Los hombres
> son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de
> las cuales Alá ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los
> hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres
> virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante
> la ausencia de sus maridos, lo que Alá ha ordenado que se conserve
> intacto. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las
> relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como
> ellas os obedezcan, no les busquéis camorra. Dios es elevado y
> grande".
>
> Incluso podría decirse que si la religión católica consagró el
> machismo, eso fue en tiempos ya idos, pretéritos, muy lejanos, y no es
> vergonzante hoy que uno de sus más conspicuos padres teológicos como
> San Agustín dijera hace más de 1.500 años: "Vosotras, las mujeres,
> sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido:
> sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las
> que persuadisteis al hombre de que el diablo no era lo bastante
> valiente para atacarle. Vosotras destruisteis fácilmente la imagen que
> de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción,
> habría de morir el Hijo de Dios". Curioso modo de ver las cosas, a
> leerse psicoanalíticamente, pues el mismo Obispo de Hipona, años
> atrás, antes de su conversión, cuando era un joven aristócrata
> sibarita había expresado que "es de mal gusto acostarse dos noches
> seguidas con la misma mujer". Es decir: la mujer siempre como objeto,
> y más aún: objeto peligroso. Y tampoco llama la atención que hace ocho
> siglos Santo Tomás de Aquino, quizá el más notorio de todos los
> teólogos del cristianimo, expresara: "Yo no veo la utilidad que puede
> tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a
> los hijos". Pero, ¿no debe abrirse una crítica genuina de todo esto?
>
> Las religiones ven en la sexualidad un "pecado", un tema problemático.
> Sin dudas, ese es un campo problemático. Pero no porque lleve a la
> "perdición" (¿qué será eso?) sino porque es la patencia más absoluta
> de los límites de lo humano: la sexualidad fuerza, desde su misma
> condición anatómica, a "optar" por una de dos posibilidades: "macho" o
> "hembra". La constatación de esa diferencia real no es cualquier cosa:
> a partir de ella se construyen nuestros mundos culturales, simbólicos,
> de lo masculino y lo femenino, yendo más allá de la anatómica realidad
> de macho y hembra. Esa construcción es, definitivamente, la más
> problemática de las construcciones humanas, y siempre lista para el
> desliz, para el "problema", para el síntoma (o, dicho de otra manera,
> para el goce, que es inconsciente. ¿Cómo entender desde la lógica
> "normal" que un impotente o una frígida gocen con su síntoma?). A
> partir de esa construcción simbólica, se "construyó" masculinamente la
> debilidad femenina. Así, la mujer es incitación al pecado, a la
> decadencia. Su sola presencia es ya sinónimo de malignidad; su
> sexualidad es una invitación a la perdición, a la locura.
>
> En la tristemente célebre obra "Martillo de las brujas" ("Malleus
> maleficarum") de Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, aparecida en 1486
> como manual de operaciones de la Santa Inquisición, puede leerse que:
> "Estas brujas conjuran y suscitan el granizo, las tormentas y las
> tempestades; provocan la esterilidad en las personas y en los
> animales; ofrecen a Satanás el sacrificio de los niños que ellas
> mismas no devoran y, cuando no, les quitan la vida de cualquier
> manera. Entre sus artes está la de inspirar odio y amor desatinados,
> según su conveniencia; cuando ellas quieren, pueden dirigir contra una
> persona las descargas eléctricas y hacer que las chispas le quiten la
> vida, así como también pueden matar a personas y animales por otros
> varios procedimientos; saben concitar los poderes infernales para
> provocar la impotencia en los matrimonios o tornarlos infecundos,
> causar abortos o quitarle la vida al niño en el vientre de la madre
> con sólo un tocamiento exterior; llegan a herir o matar con una simple
> mirada, sin contacto siquiera, y extreman su criminal aberración
> ofrendándole los propios hijos a Satanás". (…) "La facultad que todas
> tienen en común, así las de superior categoría como las inferiores y
> corrientes, es la de llegar en su trato carnal con el diablo a las más
> abyectas y disolutas bacanales". No está de más recordar que gracias a
> instructivos como éste pudieron ser quemadas en la hoguera miles de
> mujeres en la Edad Media, por supuesta brujería. Fue la idea religiosa
> en juego la que provocó esto, más allá del declarado "amor al
> prójimo": la mujer como incitadora al pecado, como puerta de entrada a
> la perdición. ¿Amparados en qué derechos varones misóginos pudieron, o
> pueden, mantener esta monstruosa injusticia?
>
> Toda esta misoginia, este machismo patriarcal tan condenable podría
> entenderse como el producto de la oscuridad de los tiempos, de la
> falta de desarrollo, del atraso que imperó siglos atrás en Occidente,
> o que impera aún en muchas sociedades contemporáneas que tienen
> todavía que madurar (y que, por ejemplo, aún lapidan en forma pública
> a las mujeres que han cometido adulterio, como los musulmanes, o les
> obligan a cubrir su rostro ante otros varones que no sean de su
> círculo íntimo). Pero es realmente para caerse de espaldas saber que
> hoy, entrado ya el siglo XXI, la Santa Iglesia Católica Apostólica
> Romana sigue preparando a las parejas que habrán de contraer
> matrimonio con manuales donde puede leerse que "La profesión de la
> mujer seguirá siendo sus labores, su casa, y debería estar presente en
> los mil y un detalles de la vida de cada día. Le queda un campo
> inmenso para llegar a perfeccionarse para ser esposa. El sufrimiento y
> ellas son buenos amigos. En el amor desea ser conquistada; para ella
> amar es darse por completo y entregarse a alguien que la ha elegido.
> Hasta tal punto experimenta la necesidad de pertenecer a alguien que
> siente la tentación de recurrir a la comedia de las lágrimas o a ceder
> con toda facilidad a los requerimientos del hombre. La mujer es
> egoísta y quiere ser la única en amar al hombre y ser amada por él.
> Durante toda su vida tendrá que cuidarse y aparecer bella ante su
> esposo, de lo contrario, no se hará desear por su marido", tal como
> puede consultarse en "20 minutos Madrid" del lunes 15 de noviembre de
> 2004, año V., número 1.132, página 8. La idea de "pecado decadente"
> ligado a las mujeres, no sólo en el catolicismo, sigue estando
> presente en diversas cosmovisiones religiosas, todas de extracción
> patriarcal.
>
> El actual papa Francisco tiene como uno de sus objetivos darles un
> lugar mucho más protagónico a las mujeres en la práctica de la
> religión católica desde la institución vaticana. ¿Futuras
> sacerdotisas? Quizá. ¿Por qué no? Es hora que la Iglesia y las
> religiones se modernicen en muchos aspectos, que formulen una genuina
> autocrítica, que evolucionen.
>
> Las religiones, quizá no puede ser de otra manera dado el papel social
> que cumplen, tienden a ser conservadoras. En eso, las mujeres salen
> siempre mal paradas: desde el machismo ancestral que nos constituye,
> todas las religiones hacen de las mujeres el "chivo expiatorio" que
> refuerza la construcción machista. Aunque ya va siendo hora de romper
> esos atávicos esquemas, ¿verdad? ¿Por qué la suerte de las mujeres
> tiene que estar supeditada al parecer de unos cuantos varones
> misóginos? Cambiar esquemas es algo siempre difícil, tortuoso,
> complicadísimo. "Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio",
> dijo sabiamente Einstein. Pero más allá de esas enormes dificultades,
> es un imperativo ético de toda la sociedad (varones y mujeres)
> plantearse estos cambios.
>
>> > ¿MIEDO? : SOLO AL SILENCIO
> ES MÁS FÁCIL SER QUE MENTIR SOBRE QUIEN SOS
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Los terminos medios son la antesala de la traición"
Ernesto Che Guevara.