Jorge Gómez Barata
El
triunfo de la derecha en las elecciones en España y Grecia evidencia
algunas de las consecuencias del atraso político originado por las
monarquías y las dictaduras que gobernaron esos países hasta bien
entrado el siglo XX y, aunque no pueden considerarse como un botón de
muestra de la cultura política de Europa occidental, son datos de la
realidad que no pueden ser desestimados.
Por
otra parte se trata de un aviso para quienes, siguiendo una
línea de deseos, exageran el significado de las movilizaciones y
protestas espontaneas e inorgánicas. Consignas y alegorías aparte, la
indignación de una parte de la población europea no significa que la
mayoría confíe en la izquierda y mucho menos que rechace al sistema.
En
Grecia y España, lo mismo que en Chile y Panamá, la derecha no tiene
mejores programas ni líderes más creíbles que la izquierda, pero se
beneficia porque las elecciones no son definidas por la calidad de los
argumentos sino por los temores.
No
se trata del miedo atávico que una vez inspiró el anticomunismo
cavernario, sino de una especie de temor al cambio de sistema que suele
asociarse con la izquierda. Tal vez lo que, por ahora, lo que las masas
desean no es sustituir al capitalismo sino hacerlo tan eficiente como
años atrás cuando en lugar de austeridad promovía el gasto, edificaba
estados de bienestar y convertía a países pobres en sociedades de
consumo.
Existen
razones para creer que la zaga del fracaso y la crisis del modelo
político de Europa Oriental y el dramático final de la Unión Soviética
están integradas no sólo por profundas decepciones, sino también por la
proliferación exponencial de prejuicios y reservas frente al socialismo y
el comunismo. Se necesitará mucho tiempo y concluyentes resultados
políticos para que aquel legado pierda vigencia y deje de pasar la
factura.
Tal
vez en ese campo, no como modelo porque se trata de realidades
absolutamente diferentes sino como referente, sirva la experiencia
latinoamericana donde la izquierda se refunda sobre bases completamente
diferentes, dejando atrás las doctrinas e ideologías, superando la
partidocracia y ampliando los espacios a la sociedad civil y a los
movimientos sociales.
La
mala noticia es que para hacerlo se necesita llegar al
poder y disfrutar de consenso para aplicar el convincente estilo de
Kirchner, Lula, Evo o Correa, que no sólo conquistan a las masas sino
que ofrecen un patrón de enfrentamiento al imperialismo y los centros
hegemónicos de poder con riesgos moderados. Ahora las grandes economías
latinoamericanas dependen menos que los europeos de los centros
financieros internacionales y son más soberanos que sus antiguas
metrópolis.
De
hecho, explotando de modo subliminal los prejuicios contra la izquierda
y sus opciones, incluyendo las
versiones “light” del reformismo socialdemócrata, la derecha europea,
que ha creado una crisis cuyos efectos, sumados a las desgarraduras y
los temores de que pueda implantarse algo parecido al socialismo real,
ha logrado que la izquierda no sea considerada como parte de la
solución.
Son
hechos y realidades que es preciso cambiar pero, mientras ello no
ocurra es imposible disminuir sus efectos. La retorica que en nombre de
afanes movilizadores omite los hechos políticos relevantes, daña más que
ayudar. Allá nos vemos.
La Habana, 18 de junio de 2012
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Los terminos medios son la antesala de la traición"
Ernesto Che Guevara.